dic 19 2011

La Dignidad de la Persona Humana

Posted by lararoche

Hay temas en Bioética en los que pensamos que ya todo está dicho, pero no es así hoy como siempre recalcaremos el tema de la Dignidad Personal

Sábado 14 de mayo de 2011
LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA
Suele decirse, no sin cinismo, que todo hombre tiene su precio El precio es una forma de valor establecida convencionalmente, que se concede a alguna cosa cuando se considera prescindible, puesto que se va a sustituir por dinero o por otra cosa distinta. Pero el ser humano es portador de una forma de valor más elevada, que llamamos dignidad. La dignidad es el valor eminente que se reconoce en algo -alguien- único, irrepetible, irreemplazable. Propiamente, la dignidad es el tipo de valor que corresponde a la persona.
¿Qué cosas pesan más en mi vida?
El ser humano presenta una singularidad como individuo que rebasa el ser un mero ejemplar de su especie. Cada ser humano es alguien en sí mismo, dependiente y necesitado de otros, pero sujeto de su ser y de su obrar. Y así lo manifiestan su apertura al ser de las cosas (la inteligencia) y su capacidad de disponer de sí mismo por propia determinación para orientarse al bien (la libertad).
Su vida no es el simple desarrollo fisiológico de un organismo; tiene un contenido significativo por sí mismo, es el despliegue de una intimidad. Cada ser humano “se vive” a sí mismo como distinto del resto del mundo, como portador y sujeto de una existencia propia, de una historia personal única, irrepetible. Toda vida humana, además de “biológica”, es “biográfica”. El ser humano es un ser dotado de intimidad, de una profundidad interior que le hace “más grande por dentro que por fuera” (Chesterton).
En la práctica, se niega la igualdad de derechos, lo cual equivale a negar la igualdad de «ser» o de «naturaleza», a los seres humanos no nacidos, o nacidos con alguna deficiencia notable, o a los enfermos que suponen una carga para la familia o la sociedad, a los deficientes mentales, etc.
El ser humano es capaz de tomar postura ante la realidad y decidir por sí mismo el contenido y la orientación de su vida irrepetible. Y por eso es responsable de ella. Es alguien y no simplemente algo. Su ser no se agota en lo que hace, y por ello puede darse a sí mismo sin perderse ni alienarse. Es un ser cuya realización más plena discurre por el camino de la autodonación, por el amor.
Pues bien, este modo de existir por el que cada hombre y mujer son alguien y no simplemente algo, es justamente lo que se conoce con el nombre de persona. Este concepto es el de mayor calado que haya aportado el cristianismo a la cultura universal. Eso no quiere decir que el concepto de persona sea sólo un concepto teológico, sino que la razón ha podido descubrir con la mayor lucidez la singularidad y el valor de cada ser humano con la ayuda de la revelación cristiana. Es verdad que, para la antropología cristiana, el fundamento más profundo de la persona humana está precisamente en ser imagen, semejanza e hijo o hija de Dios, y que sin ese fundamento la moral se relativiza.
La dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza del mismo Dios, y redimida por Jesucristo es el origen, principio y fundamento de todos los derechos humanos, que son la consecuencia de ser persona humana.
La fuente última de los derechos humanos no se encuentra ni en el Estado que los reconoce, los promueve y los protege, ni en los poderes públicos que los dictaron, ni en la buena voluntad de los legisladores que los proponen, ni siquiera en las mismas leyes que los promulgan, sino que la fuente última es la persona humana y Dios su Creador. Porque estas dos realidades existen, o son, antes que todo los demás.
Toda violación de los derechos humanos es una ofensa a Dios mismo y por eso es pecado, sea personal o social.
Pero la razón humana, abierta a todo lo real, puede comprender que cada ser humano, cada ser personal, es único e irrepetible, abierto a la realidad y a los valores, capaz de dar y de darse a sí mismo, protagonista del curso y del acontecer de su “historia”, de su vida. Un ser que reclama ser contemplado y tratado con respeto, y nunca como un mero medio al servicio de otra cosa.
A cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona. Este principio fundamental, que expresa un gran “sí” a la vida humana, es el fundamento necesario de toda reflexión ética.
Se observa sin embargo una gran contradicción en nuestra sociedad contemporánea, una especie de esquizofrenia: por una parte, la proclamación de los “derechos del hombre” y el repudio de los “delitos contra la humanidad”; y, por otra, la incapacidad de definir qué es el hombre y, en consecuencia, qué acciones han de considerarse humanas y cuáles no.
Peter Singer, filósofo (¿?) de moda, ha escrito sin sonrojo: “Ni todos los miembros de la especie ‘homo sapiens’ son personas ni todas las personas son miembros de la especie ‘homo sapiens’. Los bebés humanos no nacen con conciencia de sí mismos, ni son capaces de comprender que existen en el tiempo. No son personas”.
Esto significa, entre otras cosas, que cierta filosofía contemporánea ha reducido de forma exagerada y dramática la capacidad de comprensión racional que corresponde al espíritu humano. Que es incapaz de captar el ser de las cosas como tal. Que antepone una mirada ideológica y reduccionista del mundo, alentada por una voluntad de poder. El viejo sofista Protágoras lo dijo a su manera: “El hombre es la medida de todas las cosas, de lo que vale y de lo que no. Porque -decía también- las cosas son según le parecen a cada cual”.
Juan Pablo II
*En su encíclica “Evangelium vitae” se refiere a la bioética como uno de los signos de esperanza de nuestra sociedad.
*Una de las preocupaciones de la visión católica de la bioética es la de respetar los derechos de la persona.
*Debemos estar convencidos que todos somos hijos del mismo Dios.
*El respeto al ser humano desde su estado embrionario es una verdad universal, por lo tanto asequible y responsabilidad de todos.
Es necesario volver limpia la mirada reflexiva del ser humano, nuestra mirada.
Es preciso y urgente abrir el arco de nuestra inteligencia y hacerla capaz de reconocer el ser de cada cosa y el valor extraordinario de cada persona. Algo de eso decía Antoine de Saint-Exupéry: “Lo esencial es invisible a los ojos. Sólo se ve bien con el corazón”.
Es imprescindible orientar nuestra racionalidad hacia el descubrimiento de la verdad de las cosas. Pero eso implica también una cierta dosis de humildad, para aceptar que las cosas son lo que son y no lo que a cada uno de nosotros nos interesa.

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dic 17 2011

La realidad humana del niño por nacer (Artículo del mes)

Posted by lararoche

El espléndido documento que hoy presentamos con la idea de difundirlo, creemos que merecen nuestra atención para aclarar el concepto de unidad entre Ser humano y Persona desde antes de nacer.

LA REALIDAD HUMANA DEL NIÑO QUE ESTA POR NACER
Tomado de Proyecto Nasciturus. Iniciativa en defensa de la vida del niño que está por nacer (Chile)

INTRODUCCION

La determinación de aquellos contenidos mínimos para el estudio del concepto de persona aplicable a la discusión bioética y sus específicas consecuencias jurídico normativas en la defensa del derecho a la vida del nasciturus (niño que está por nacer) tiene especial relevancia al aclarar la dimensión personal inherente a la persona humana que ha sido concebida teniendo presente la garantía constitucional establecida en el Art. 19 nº1 de la Carta Fundamental que protege el derecho a la vida del niño que está por nacer. Cabe señalar, así mismo, que la originaria e intuitiva coincidencia entre «persona» y «ser humano» se ha puesto en duda al interno del debate bioético y jurídico, con la consiguiente exclusión de algunos seres humanos del reconocimiento de su estatuto de persona y la inclusión de algunos seres no humanos en la esfera personal. Existe, por lo tanto, en algunos, una dificultad para determinar con claridad una cierta unidad conceptual sobre el significado jurídico del concepto de persona. Desde estas consideraciones será necesario evidenciar con claridad el uso del concepto de persona que está a la base del reconocimiento de su dignidad y sus derechos fundamentales. Así se pueden establecer las bases mínimas y necesarias para un futuro análisis del derecho a la vida del nasciturus y comprender, conforme a la razón natural, el tema del aborto y especialmente el mal llamado “aborto terapéutico” por cuanto a nadie se le sana con la muerte. La etimología de la palabra aborto ya nos introduce en un tema absolutamente controversial de la agenda país. En efecto, Aborto viene del latín “abortus”, del verbo “aborior”, palabra que significa: ab, privar; y orior, nacer. Es decir, “privar de nacer”. Lo que significa causar la muerte de un ser que está por nacer.
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