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EL NECIO DESMÁN DE MATAR LA MUERTE
Prof. Dr. José Luis del Barco
Universidad de Málaga
El tiempo pasado y el tiempo futuro
Lo que podría haber sido y lo que ha sido
Apuntan a un solo fin, que está siempre presente.
(T. S. Eliot)
Ahora, por fin, esa cosa distinguida, la muerte.
(H. James)
En el mar de incertidumbres de esta vida, la verdad más segura es la muerte. Podemos solazarnos con el juego escéptico de poner en entredicho lo humano y lo divino, pavonearnos de pisotear las grandes certezas, tildar de dogmática la fe en la verdad o ensalzar la postura del descreído que cree a pie juntillas que todo es mentira. Pero es vano extender la sombra de la duda sobre “los vertiginosos ojos claros de la muerte”, como dice el verso impecable de Gabriel Celaya. Ante el filo aguzado de su guadaña reculan los titubeos. Tal vez no salga mañana el sol ensoberbecido que nos alumbra, pero es segurísimo que la Gran Señora acudirá puntualmente a la cita. Ignoramos el momento pero no que acudirá. “Mors certa, hora incerta”. Ocioso sería el recordatorio de tan palmaria certeza si viviéramos despiertos. Pero vivimos medio dormidos y no oímos la voz que anuncia las grandes cosas. Tal vez “la especie humana / no puede soportar mucha realidad”, canta Thomas Sterns Eliot en el primero de sus Cuatro cuartetos, y necesita que le recuerden de cuando en cuando la radical e inquietante. Hacerlo es la misión de la estirpe de los hombres que fundan lo que permanece. Así la cumple Jorge Manrique: “Despierte el alma dormida / avive el seso y recuerde / contemplando / como se pasa la vida / como se viene la muerte / tan callando”. Read more »

