Abr. 13 2010

Artículo del mes “Un diagnóstico ético desde la universidad”

Posted by lararoche

Reflexiones

Un diagnóstico ético desde la universidad

José Rubén Sanabria

Tomado de Umbral XXI. # 20. Primavera 1996

En la actualidad hablar de ética parece un insulto o una burla.
Desde hace ya varios años la ética -la moral-no ha tenido buena difusión.
Se le ha considerado como un simple código de prohibiciones o como un
Resumen de costumbres que hay que realizar – moral- , del latín
mores-costumbres- Se pensó que la ética limita abusivamente la libertad.
Si esto fue en tiempos pasados, la situación moderna es más grave.

Es evidente que la sociedad ha cambiado casi radicalmente, sobre todo en lo relativo a la ética. Por ello parece que ha perdido vigencia la conocida frase de Ovidio “video meliora proboque, deteriora sequor”- veo lo mejor y lo apruebo, pero sigo lo peor-
Creo que la frase ha perdido vigencia porque ya casi no hay distinción entre bien y mal.
Si todavía subsiste la distinción no se toma en cuenta en el comportamiento. Las grandes verdades han muerto. No quedan más que migajas de verdad – hay verdades personales- Acabaron los metarrelatos, cosmovisiones globales dadoras de sentido, porque empobrecen la riqueza y la variedad de la vida. Es decir tenemos pluralismo de fragmentos de valores, de verdades, de creencias. Relativismo total y escepticismo plural. ¿No es este el nihilismo nietzscheano al que se refiere Heidegger?
Es la era del vacío- G. Lipovetsky- en la que lo individual predomina sobre
Lo universal, lo psicológico sobre lo ideológico, la comunicación sobre lo político, la diversidad sobre la homogeneidad, lo permisivo sobre lo coercitivo. Es la hora de lo que se llamó contracultura. Es la hora del desenfreno. Es la hora del desencanto porque las promesas que hizo la modernidad no se cumplieron. La razón “ilustrada”, en vez de la felicidad prometida, cometió muchas acciones inhumanas y provocó muchas situaciones indignas. Baste recordar todos los horrores de la guerra con todas sus devastadoras secuelas. Si vivir de acuerdo con la razón no produjo los resultados apetecidos, entonces se proclamó el imperio de los sentidos, la total liberación de los impulsos, la explotación de los sentimientos. “Vivimos en la hora de los feelings: Ya no existe ni verdad ni mentira, estereotipo ni invención, belleza ni fealdad, sino una paleta de placeres diferentes e iguales. Es la hora del hedonismo, del culto a Dionisios y a Narciso que han desplazado a Prometeo y a Apolo definitivamente muertos. Lo decisivo es ahora el mundo de los deseos cambiantes, y de las satisfacciones inmediatas y efímeras, de la felicidad corporal y psíquica. Para ello “hay que vivir el presente, sin proyectos de realización personal desde unos valores exigentes y objetivos, sin proyectos históricos, sin tradiciones que constriñan”. En consecuencia están de moda el egoísmo, la diversión intensa, el juego, el humor superficial, el placer, la frivolidad, el narcisismo. Se trata de llevar hasta sus últimas consecuencias la experiencia “del olvido del ser”. Heidegger- y de la muerte de Dios- Nietzsche- Estos son rasgos de la postmodernidad queniega toda necesidad y validez de un fundamento último sea inmanente o trascendente, que explique o legitime la multiplicidad de lo real,; o que funcione como criterio definitivo de la verdad teórica o axiológica ( es decir que fundamente y de validez objetiva a los valores orientadores de la vida humana y de la sociedad ). Ni Dios , ni la Razón, ni la Ciencia, ni la Cultura, ni la Revolución, ni la Raza, ni el Estado, ni el Partido, la clase social ascendente (…) pueden subsistir como absolutos legitimadores . Nada se legitima ni se fundamenta últimamente. Luego todo absoluto sin distinción es inútil y acaba aplastando al hombre.

Si la ontología ya murió, es lógico pensar que la ética también ha muerto. Pero como el hombre es esencialmente moral, actualmente en la teoría, hay muchas éticas. En la práctica la ética posmoderna es débil pragmática, hedonista, lúdica, situacionista, superficial; que a los valores y a las normas universales, definitivas, opone lo personal, lo relativo, lo íntimo, lo placentero, lo provisional. Es una ética

Exangüe, débil, sin defensas. ¿No será que nuestros oídos todavía no están preparados para escuchar el mensaje, no del cansado Zarathustra, sino de los pujantes medios que proclaman: la ética ha muerto, y que la consecuencia no es la del Iván , ante la muerte de Dios: “Todo está permitido”, si la más desconcertante (porque la última de las normas es) “Nada está prohibido”, es decir no hay nada que desear , ni que criticar, ni siquiera que hacer.

Y aunque algunos pretendan negar esta muerte, hay quienes aseguran que “estamos en el advenimiento de la era postmodernista, en la que no habrá obligaciones éticas”, pero es evidente que ya estamos en plena postmodernidad , al menos en muchos ambientes, y ya no hay ética porque se vive “el principio de placer” freudiano. Lo afirma G. Vattimo:

El desencanto del mundo {…} ya no consiste sólo en la eliminación de todo arbitrio divino {…}; consiste también {…} en el fin de todo proyecto y normativa histórica totalizante; lo que significa, además, el fin de la ética, al menos en la fórmula que prevalentemente ha asumido el pensamiento moderno.

Desgraciadamente es verdad: estamos en la agonía de la ética. Quizá sea más exacto decir que sí hay ética, pero es una ética relativista y personal, fundamentalmente sociológica. Es lógico: si no se admiten valores universales-o sartreanamente, cada quien hace sus propios valores- , si no hay normas morales válidas, sólo queda el hedonismo, grosero o refinado, inspirado por el principio de placer, en oposición al “principio de realidad”. Y esto se da en todo el mundo. Por eso G. Lipovetsky señala que las características de nuestra época son las del vacío, el imperio de lo efímero y el crepúsculo del deber, títulos por cierto de tres de sus obras. ¿Salvajismo? Quizá no, sólo hedonismo exacerbado. Hay nuevos fines y nuevas legitimaciones. Nada está prohibido. Tal vez mejor: nada es malo; por lo mismo todo es bueno. De aquí el culto a todo lo festivo, lúdico, erótico, corporal, lo abiertamente pornográfico. Por eso ahora todo es normal. Y si lo sagrado no cuenta, hay la sacralización del sexo y de todas sus expresiones. Por ello la cultura del cuerpo. La publicidad actual es erótica, cuyo núcleo es el cuerpo, más aún, lo sexual. Por lo que el yo se reduce al cuerpo. Incluso, se ha llegado a decir que “con el goce sexual el hombre no sólo trasciende la propia individualidad sino que asomándose al misterio del otro, rosa el misterio de Dios.
Lo que K. Lorenz señalaba como peligro para la humanidad – “la paulatina desintegración de todos los valores y cualidades que le prestan su carácter humano”- es ahora plena realidad. Nadie puede negar que se ha perdido en gran parte el sentido de la vida humana; ya no hay diferencias entre fines y medios, entre elección axiológica y respuesta impulsiva. Por esta razón H. Kûnng afirma: “hasta ahora la ética, en cuanto reflexión sobre el comportamiento moral del hombre, casi siempre ha llegado demasiado tarde: con frecuencia la pregunta sobre la licitud surge después de haber pasado ya los hechos”. En esta situación evidente, ¿se puede hablar de ética? Ciertamente, porque la ética es constitutiva del hombre. Incluso la afirmación de David Hume; “es bueno lo que me gusta y es malo lo que me disgusta”, a pesar de todo, es ética.
No es el momento de discutir si hay o no hay diferencia entre ética y moral. Para nuestros propósitos baste indicar que la moral se refiere al comportamiento, a la actitud ante los valores en las diversas circunstancias de la vida, en tanto que la ética se refiere a la reflexión filosófica acerca de la acción en cualquier circunstancia. En otras palabras; la ética se queda en el nivel teórico- especulativo – y la moral está en el nivel práctico. Ética teoría comportamental; moral ética vivida. La ética se enfrenta a un hecho universal: el mundo resulta incomprensible e inexplicable si no se admite una moral. El hecho mismo – el comportamiento humano- tiene que fundarse en normas, valores, preferencias, porque de lo contrario, no se tendría en cuenta la realidad innegable de la libertad. Y precisamente porque el hombre está destinado a crecer en su autocomprensión y en su madurez humana tiene que vivir una ética. Sólo así llegará a la plenitud – en la medida de lo posible – de su dignidad de persona. Sólo así ejercerá maduramente su libertad. La ética, pues, se preocupa por el bien de los hombres. De aquí que el quehacer ético consiste en “acoger el mundo moral es su especificidad y en dar reflexivamente razón de él” Si no se admite la ética y la moral, el hombre queda reducido a un robot o a un animal dirigido por sus instintos. El hecho de que el mundo cotidiano de la vida se empleen universalmente términos como bueno/ malo, justo, injusto, laudable, reprobable, etcétera, indica abiertamente que en la práctica todos aceptan una ética sólo por ser humanos.
El animal ya tiene prefigurada su finalidad.
Nace con lo que necesariamente la dará la orientación de su vida y en sus acciones. El hombre tiene que hacerse y darse la orientación en su vida y en sus acciones. El hombre tiene que hacerse y darse la orientación que su libertad elija. El hombre no actúa humanamente movido sólo por sus pulsiones; él tiene que dar a su conducta una orientación concreta y libre movido por fines y por razones específicas, porque nadie puede evadirse de su responsabilidad: elegir un modo de ser y de actuar en la vida. Esta necesidad surge de la misma estructura antropológica de modo que se puede rechazar una moral determinada, pero el mismo rechazo ya es una actividad ética..
Si el hombre generalmente es lo que hace de su libertad, porque no está regulado por mecanismos biológicos, tiene que fijarse una meta que justifique todas sus decisiones.. Antes de actuar el hombre debe pensar qué pretende, como y hacia donde orientar su vida. Si quiere superar la inconciencia y la inmadurez el preciso planear el futuro y elegir lo más adecuado para una auténtica madurez humana y profesional..
La libertad no es una espontaneidad ciega ni una actitud de vida vacía de sentido, sino la capacidad de orientar la propia vida hacia una meta positiva y valiosa. Porque una decisión madura estructura y equilibra la personalidad, de tal manera que da unidad y profundidad a la vida: le da sentido. De lo contrario la persona es una veleta movida por cualquier viento, es un juguete de las circunstancias.
Actualmente hay muchas personas cuya vida carece de sentido; sólo viven en busca del placer, no de la felicidad. En tal caso ¿vale la pena vivir? Muchos piensan que sí. Se dice que Albert Einstein expresó una vez. “Quien tiene su vida vacía de sentido, no solamente es desgraciado, sino que apenas es capaz de sobrevivir” Cuando la vida humana no es positiva y trascendente apenas tiene sentido continuar en la existencia. Por ello un psiquiatra de la Universidad de Harvard dijo a una joven paciente. “Su vida no tiene sentido, no tiene nada que esperar; estoy sorprendido de que aún no se haya suicidado”.
Sabemos que el valor ético perfecciona a la persona en cuanto persona.- en todas sus dimensiones – y le da su auténtica dignidad. Esto significa que se necesita una integración –armonía- en todas las dimensiones que hay en la persona. Entonces, el valor ético es la cualidad del comportamiento que va de acuerdo con la dignidad de la persona. Una acción será buena si favorece la perfección de la persona- su plena autorrealización- . Será mala en caso contrario. De aquí la pugna frecuente entre las diferentes tendencias que hay en los humanos. Por eso muchos se dejan llevar por lo placentero, por lo inmediato, por lo material. La vida ética- positiva- exige esfuerzo y constancia..Por eso quienes rehusan el compromiso, la responsabilidad, sólo disfrutan lo que no exige esfuerzo. De aquí la dificultad de trasmitir valores éticos en una sociedad dominada por el hedonismo y la frivolidad. En este fin de milenio hay un gran vacío de sentido, hay una larga ausencia – ¿o desprecio?- de la ética. Y sin embargo sabemos que la ética es un elemento constitutivo del hombre.
Hay personas que no saben que es ser hombre. Al hombre se le dio el existir, pero él tiene que decidir como realizarlo: aquí interviene la libertad. El hombre es lo que decide ser. Algunos-¡ y son legión!- lo sólo viven lo específico del animal: una total adecuación al contexto de estímulos y de exigencias exteriores. Así traicionan su tarea de ser auténticos hombres: ¡ “hombre, llega a ser lo que eres! Y el ser hombre encierra una gama inmensa de posibilidades. Pero es necesario que se decida a ser en plenitud. Ante esta perspectiva se pueden dar varias actitudes. Las principales serían: a) el hombre instalado en la finitud; b) el hombre abierto a la trascendencia; y c) el hombre que responde al misterio.
a) Hay quienes no tienen más hogar que su finitud, su contingencia y, por lo mismo están cerrados a otra realidad: este mundo les basta. No se preocupan de buscar algo más allá de él. Sólo están preocupados en prolongar la especie. La ética de estas personas se queda en la fidelidad a la especie, al mundo con lo que ofrece, y el rechazo a cualquier proyecto importante, a lo extraordinario, a lo que supone esfuerzo y compromiso.
b) Hay personas que se esfuerzan por superarla rutina de la cotidianidad: tienen ilusiones en perfeccionarse en todos los aspectos de la vida; la finitud los lanza a buscar nuevos horizontes y nuevos proyectos. Saben que el triunfo es de los audaces y se lanzan a la conquista de de realidades – virtuales-,
como les llaman algunos- y de un futuro en el que irán madurando su plenitud humana. Aquí la ética tiene un sentido nuevo porque es un medio decisivo de superación. Esta apertura a todas las dimensiones de la realidad desemboca en la trascendencia – mejor en el Trascendente- La trascendencia lleva a la Trascendencia, es decir a Dios. Ética y religión suelen ir unidas.
c) Cuando ya se vive en el ámbito de la trascendencia hay la respuesta generosa a la voz del Misterio, a la presencia ineludible, al Amor que se derrama en lo más íntimo de la persona.
Aquí la ética desaparece para dar lugar al amor. Si el hombre ha sido creado por amos y para amar, es lógico que el amor sea su esencia. Y en el encuentro con la realidad suprema y absoluta, se produce la relación dialogal y la apertura efectiva al otro – a los otros – que es el medio principal para el conocimiento del misterio. Así, el creyente, en la plenitud que viene de más allá de todo lo humano, se desborda en la comprensión y el acogimiento de los demás. Por ello la ética verdadera es ética del amor.
¿Es ética la universidad? Por supuesto, porque si toda persona necesariamente tiene una ética, con mayor razón los componentes de una universidad. Incluso se puede afirmar que en esos centros de estudios superiores, sus miembros, por ser la élite intelectual, saben mejor de responsabilidad, de compromiso y de amor a los valores superiores. De lo contrario, habría una especie de hipocresía. En la universidad debe haber un proceso constante de superación y plenitud humana.
La universidad por su naturaleza, es una institución consagrada a educar, es decir formar e instruir – informar – a los alumnos. Esto supone una determinada idea del hombre porque la educación, en su vertiente ética, exige una antropología correcta. Si se trata de formar hombres – ayudar a que se formen – es preciso partir de una idea de lo que verdaderamente es el hombre y de su finalidad en el mundo He aquí el problema. Si es difícil saber qué es ser hombre – con todo lo que ello implica –
Más difícil lo es ahora en la época de la técnica. Porque el avance arrollador de ésta ha envuelto también al hombre, que en algunos medios ya se ha visto reducido a un simple ente natural al servicio de la máquina. Además esta nueva alienación humana – tecnificación del hombre – lleva a su matematización. Muchos no se dan cuenta de esto, ya que es una lamentable realidad. De tal manera que lo espiritual del hombre se reduce a lo psíquico; lo psíquico a lo fisiológico, lo fisiológico a lo puramente físico- químico. Todo se reduce a materia y a cantidad. Así desaparece la dignidad de la persona, convertida en un simple medio. Así se le despoja – en la práctica – de su estrato ontológico. ¿Qué porvenir espera al hombre- instrumento?
La formación universitaria lógicamente depende de la concepción que se tenga del hombre. No es lo mismo educar personas que manipular instrumentos. La consecuencia inmediata de la tecnificación del hombre es la decadencia del humanismo. Esta es una de las características de nuestro tiempo.: la falta de humanismo. No se trata de que la universidad dé la espalda al presente y, sobre todo al futuro, y que sólo pretenda formar técnicos – peor aún –
Tecnócratas, profesionistas; no. Ciertamente tiene que cumplir con la enseñanza técnica, de acuerdo con la época, pero debe dar preferencia a todo lo que ayude a preservar y defender en los alumnos su innegable y preeminente condición de personas, FIN
EN SÏ. Esto no significa que se limite la enseñanza de la técnica, sino que se les enseñe y se les forme una conciencia crítica ante ella. Por eso en la formación universitaria se tiene que acentuar la función del señorío del hombre ante cualquier invento técnico y, sobre todo, la conciencia de superación personal y de una ética de responsabilidad y de amor. Sería lamentable que la universidad se quedara cruzada de brazos contemplando la progresiva pérdida de los verdaderos valores y de la excelsa misión que ha tenido en la historia de la cultura.

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