jul 05 2009

Artículo del mes: “La importancia de la Ética Médica en las escuelas de Medicina”

Posted by lararoche

LA IMPORTANCIA DE LA ÉTICA MÉDICA EN LAS ESCUELAS DE MEDICINA

Dr. Carlos Lara Roche

Esta presentación pretende transmitirles mi preocupación por la suerte moral de nuestra profesión y reflexionar juntos acerca de la doctrina del ejercicio médico en nuestro medio: que somos, a donde vamos y que queremos de nuestros futuros médicos.
Quizá nunca como en este tiempo se ha hecho tan evidente la importancia de la formación ética en las escuelas de medicina. Estoy convencido de que la satisfacción personal- la felicidad del médico- en el ejercicio de la Medicina no se vincula sólo al éxito profesional, al beneficio material o a la fama, sino que ancla sobre algo mucho más profundo, que es la vocación, y ésta sólo es factible, al menos así lo pienso, si se preserva la identidad del acto médico. Donde la elección terapéutica no constituya sólo una decisión técnica sino también una decisión moral.
En tanto que los avances tecnológicos y los logros médicos se suceden, se va perdiendo la clara visión entre lo que es honesto y lo que no lo es, donde acaba lo que es digno, donde empieza lo que es indigno. Ante ésta crisis de valores y principios morales que rigen la conducta humana, se hace imprescindible y necesario el estudio serio y meditado de todo aquello que compone lo esencial de la Ética Médica
Pocas profesiones se hallan tan inmersas en un proceso de cambio tan profundo como la nuestra. Las transformaciones operadas en la práctica médica en las últimas décadas revelan su incorporación definitiva a la Modernidad. A pesar que la medicina a estado vinculada a su tradición ancestral, se notan cambios de transformación básicamente en dos campos de la actividad médica, el específicamente científico y la relación médico-paciente.

En cuanto a la primera actividad, podemos apreciar que la medicina moderna está en crisis, crisis de identidad, crisis de sentido; la tecnología se ha desarrollado de tal forma que cambia la manera de pensar del médico, se tiene una confianza exagerada en la técnica, que nos ha llegado a dominar. El cientifismo reinante califica a la ciencia como la omnipotencia en las manos del hombre, la verdad absoluta y que es capaz de resolver los grandes problemas de la humanidad, lo cual ha logrado sólo en parte.

Si bien es cierto que la tecnología ha contribuido a la mejora de la calidad de vida, que ha posibilitado un conocimiento más preciso del universo, ha acortado las distancias entre los hombres, facilita las comunicaciones y permite una universalización del saber, del progreso. También es cierto que los abusos de la tecnología, han convertido ciudades enteras en cenizas, bosques verdes en desiertos y aires puros en nieblas irrespirables. Parece por lo tanto que la tecnificación es un arma de dos filos y que dejada sin control ético se comporta como ser irracional.

Y en cuanto a la relación médico-paciente es necesaria una evaluación con seriedad ante esta situación, sobre la misma tecnología, y es a la filosofía a la que corresponde hacerlo. Esto es prioritario ya que necesitamos saber que valores son relevantes para establecer criterios de evaluación. Sin embargo no debemos caer en dos grandes reduccionismos, en primer lugar el utilitarismo, que como único criterio se basa en la utilidad, y en segundo lugar evaluar desde la efectividad evaluada sólo desde un criterio interno de la propia tecnología. Si prescindimos de otros elementos valorativos extrínsecos, sean éticos, ecológicos, sociales, etc, la tecnología se convierte en un monstruo gigantesco. La combinación de estos dos criterios es el ideal del cientifismo, criterios de utilidad y eficiencia, unidos a los criterios éticos.

¿Qué sucede entonces con la Medicina? Pues que la tecnocracia imperante va sustituyendo progresivamente aquel proceso de análisis de atenta y minuciosa observación que conocemos con el nombre genérico de “clínica”. Aquella disciplina que comprende el diagnóstico, compuesto por la anamnesis o historia clínica, aquella entrevista que permite conocerse médico y paciente, el examen físico completo, y con ello formar una impresión diagnóstica basada en el conocimiento y la experiencia para llegar a un diagnóstico más preciso. Luego el pronóstico o sea el probable curso que tomará la enfermedad y por último el tratamiento, ya sea preventivo o curativo.
El peligro de la medicina actual es que el médico, se base principalmente en delicadas y complicadas pruebas de laboratorio, estudios sofisticados de imágenes radiológicas. Si no se tiene cuidado caemos en la tentación de apoyarnos casi exclusivamente en todos estos métodos auxiliares del diagnóstico y abandonamos la oportunidad la llegar a alcanzar la notable visión totalizadora de la Clínica, que usaron casi sin ayuda de otros estudios nuestros antepasados, confiados en sus propias capacidades.

Ante esta situación parece inevitable concluir que la tecnología si no la manejamos racionalmente, nos lleva a la deshumanización de la medicina. En algunas ocasiones no sabemos ni el nombre de los pacientes, reducidos a un número de cama, o a un diagnóstico, un manojo de radiografías que no nos permiten encontrar a la persona humana que está detrás de todo esto.

Por muchos años hemos padecido la falta de una cátedra de Ética Médica en nuestras Facultades de Medicina, sin embargo siempre ha estado presente el interés por practicar con principios éticos nuestra profesión. Por ejemplo en el acto de graduación los médicos leemos el juramento médico con base en el Juramento Hipocrático, con el cual nos comprometemos a actuar éticamente en el ejercicio de nuestra noble profesión. Además la conducta ejemplar de muchos de nuestros ilustres maestros, ha servido de guía a las nuevas generaciones.

En 1949 el colegio de Médicos y Cirujanos de Guatemala, elabora el primer Código de Deontología Médica y luego de tres ediciones mejoradas y actualizadas cada cierto tiempo, en 1998 sale a luz el actual Código, adaptado a las necesidades de la época.

Volviendo a la cátedra de Ética Médica, reconocemos que la enseñanza de la Ética, conlleva múltiples y serias dificultades: en primer lugar la falta de profesores conocedores de la ciencia ética, luego adolecemos con un inconveniente metodológico por la falta de preparación humanística filosófica de nuestros estudiantes, para poder fundamentar las ideas en el estudio de la ética. Por otro lado está, el subjetivismo moral imperante en la actualidad y el relativismo que impiden la claridad y la definición de las ideas, que va creando conductas imprecisas, eclécticas, que conducen a la confusión y desorden en el actuar del hombre.

Con el ejercicio de la profesión, todo médico debe alcanzar la madurez necesaria para desenvolverse adecuadamente en la vida social, política, científica, económica y por supuesto en la práctica de la medicina. Pero al ponerse el médico con las realidades de la vida y con la presión del ambiente, podemos hacernos estas preguntas, ¿Se puede triunfar en la vida profesional actuando rectamente, de acuerdo con los principios morales que emanan de la Ética?
Esta incertidumbre acecha al profesional acerca de la posibilidad del éxito científico, social y aún económico sin que haya que comprometer la conciencia, por consiguiente la dignidad humana, y es cuando aparece el fantasma de la corrupción que tantos seguidores parece tener.

Con lo anteriormente expuesto, salta a la vista la necesidad urgente de la enseñanza de la Ética Médica en nuestras escuelas de medicina; porque si queremos formar profesionales éticos, hay que enseñarlos a serlo y a como hacerlo. Ya que un frío Código de Ética no moraliza a un hombre. Lo importante es que su actitud esté de acuerdo con los conocimientos éticos, para que su conducta sea moralmente adecuada y aplicar concretamente esos conocimientos a su trabajo diario; en otras palabras, formarles su conciencia moral.

En palabras del filósofo Jacques Maritain, decía: “La tarea de la educación moral se está convirtiendo hoy más y más importante, ya que el hombre hoy como nunca está confrontado con filosofías materialistas y positivistas que relativizan completamente los patrones morales”. Y al caer en ese relativismo ético, lo que ayer era respetable, hoy ha dejado de serlo, todo se vale, todo es negociable, nada es digno de absoluto respeto. Esta manera de proceder ha llevado incluso a trivializar el valor sagrado de la vida humana, llegando a calificar con una escala cuantitativa, cuales vidas merecen vivir y cuales no lo merecen. El que no es normal, no es persona, su vida carece de valor y no posee dignidad ni derechos para vivir. Estos homúnculos de dignidad reducida, nos lleva a la conclusión, que el embrión humano, el feto, el niño deforme, el hijo no deseado, el paciente en coma profundo, el demente, el anciano decrépito, por carecer de vida mínima exigible, no son personas y no merecen vivir.

En cuanto a la dimensión humana de la medicina de hoy, es necesario insistir en la necesidad de devolver esa especial característica a nuestro quehacer profesional.
Hablar ante un grupo de médicos, sobre la dimensión humana de la medicina, parece a primera vista, una cosa de Perogrullo, pues es algo que se da por supuesto. Tan obvia y evidente es la importancia de ello, que carecería de objeto subrayarlo, sino fuera porque resuena de una a otra parte, las voces que hablan de la deshumanización de la medicina actual a causa de la tecnología que si no se controla adecuadamente nos lleva hacia ese camino.
No se trata de condenar las investigaciones y frenar el progreso científico, por el contrario hay que estimular esos estudios, siempre y cuando nos lleven al progreso y provecho del mismo ser humano y no a su destrucción. Que se respete la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural, que se respete la integridad personal y la dignidad suprema de la persona humana.

Existe un error muy difundido, de que la ciencia nada tiene que ver con la moral, con la ética, que es una disciplina completa, ajena a estas regulaciones de principios, normas y valores, al contrario la ciencia humana del hombre y para el hombre, a su servicio, no puede ser ajena al mundo de los valores, ni ser considerada como el valor supremo, la verdad absoluta.

Los bienes que manejamos en la práctica médica son primarios: La vida de una persona, la salud, la libertad, el cumplimiento de la propia vocación. Estos bienes debemos defenderlos, preservarlos, recuperarlos y promoverlos, de acuerdo con unas normas éticas objetivas al margen del capricho o de la moda. Su actuación constante según estas normas, desarrolla las virtudes clásicas del médico que nuestra cultura ha conservado al paso de los siglos. Hay sin embargo como un cierto complejo de inferioridad para considerar las cosas así. En nuestro mundo pareciera que el imperio de lo “científico” mal entendido nos eximiera de prejuicios y tradiciones ya sobrepasados por el progreso. El apelar a nuestra tradición hipocrática, parece un recurso trasnochado, obsoleto, pasado de moda y retrógrado. Todo esto debe ser sustituido por la Autonomía, o sea la libertad absoluta de los pacientes, huir del mounstro del paternalismo de la medicina hipocrática.

Todo esto nos hace pensar que junto a la excelencia en la formación académica y técnica de nuestros estudiantes, va también la formación ética, con una sólida Conciencia moral, porque de no ser así, estaríamos construyendo unos gigantes técnicos y unos enanos morales. Si no cuidamos estos aspectos también pareciera como si dijésemos a nuestros estudiantes, que las cuestiones éticas carecen de interés o de importancia en medicina, esto es, que en la práctica de la medicina es irrelevante, da lo mismo, hacer las cosas bien o mal, pero esto nos confirma que las ciencias médicas por su propia naturaleza es un quehacer moral por excelencia. Hacer el bien y evitar el mal.

Pero en esta tarea de la formación en Ética Médica, no es suficiente, una intuitiva buena intención, una especie de olfato para hacer el bien o como decía un maestro, practicar una Ética al oído. Es necesario estudiar seriamente esta disciplina, con una fundamentación de Antropología Filosófica suficiente para saber quien es el ser humano, la persona, para tratarle así adecuadamente. El estudiante debe tener claro que el ser humano no es sólo biología, esqueleto, músculos y órganos, sino que el hombre es un ser complejo formado de un cuerpo biológico, material pero con un alma espiritual, racional y como tal debe ser tratado. Si no lo consideramos en esta forma, veremos en el hombre una máquina descompuesta, que lo que necesita para ser reparada es un mecánico, pero no un médico.
Cuando el médico trata un paciente no está tratando un cuerpo sino un ser, una unidad sustancial de cuerpo y alma, merecedor de una dignidad altamente considerada, de una vida sagrada que debemos defenderla, promoverla y respetarla.

Como una conclusión a esta exposición, podría surgir como una invitación a los profesionales y docentes universitarios, a empaparnos aún mas de esa humanidad, a profundizar en los estudios de Ética Médica y de Bioética, esa nueva derivación de la misma ética que estudia esa problemática de la biotecnología aplicada a la intervención de la vida humana, tratando de enlazar de manera indisoluble, la Ciencia y su Conciencia.

Usaré las palabras del profesor Gonzalo Herránz, en una de sus lecciones dictadas aquí en Guatemala:”que el estudiante de medicina debe ser educado para que tenga una visión binocular. El ojo científico para obtener los datos clínicos, signos físicos, etc, y el ojo ético, que ha de ver al hombre enfermo investido de toda la dignidad de la persona humana, de cada ser humano quien quiera que sea, (no nacido, recién nacido, o adulto discapacitado) es verdaderamente una persona, en el concepto racional y universal.”

Para concluir podríamos decir: que la formación universitaria de los futuros médicos, debe incluir la formación de la conciencia moral, para que puedan cumplir sus obligaciones de manera adecuada, como una tarea urgente e inexcusable, y que como servidores de la vida y la salud, debemos tener muy claro, que el respeto a la vida humana y a la dignidad de todo ser humano, cualquiera que sea su estado, han sido la fuerza interior que ha hecho grande a la Medicina y el motor de su ciencia. No podemos permitir que esos valores se pierdan o se olviden.

2 Respuestas a “Artículo del mes: “La importancia de la Ética Médica en las escuelas de Medicina””

  1. Gilberto A. Gamboa Bernal dice:

    Estimado Dr. Lara:

    Como editor de la revista Persona y Bioética le escribo para agradecer la inclusión de su hipervínculo en el blog que usted gestiona. Espero que sus lectores se beneficien del material que en doce años hemos venido trabajando en procura de una Bioética que responda a la realidad del ser personal y su entorno.
    Aprovecho también para agradecer la inmerecida distinción de reseñar un escrito mio como artículo del mes.

    Cordialmente,
    Gilberto A. Gamboa B.

  2. Buscando informacion acerca de articulo medicina natural encontré este sitio web que me ha parecido muy interesante. Gracias, Pablo

Deja un comentario