LA UNIVERSIDAD PARA UN NUEVO HUMANISMO
Dr. Carlos Lara Roche
“Todo buen médico debe ser también filósofo”
Galeno
Actualmente en los ambientes universitarios se aprecia un renovado interés por volver a las ciencias del saber y darles el valor que tienen en la formación integral de los futuros, profesionales de las distintas carreras que se ofrecen en estos centros de estudios; sobre todo en las escuelas de medicina y enfermería.
Dicho interés obedece al cientifismo reinante en esta época sumada a la llamada tecnocracia, o sea, a ese poder dominante de la tecnología sobre lo que es el ser humano en su esencia y a la manipulación sobre la vida humana, llevándole a unos niveles de deshumanización alarmante.
Si bien es cierto que los avances en la biotecnología han contribuido a la mejora de la calidad de vida, sin embargo a la par de estas bondades, el abuso de esta tecnología han convertido en cenizas a ciudades enteras, bosques verdes en desiertos inhóspitos y aires puros en nieblas irrespirables. Y esta es la preocupación de los profesores universitarios, que observan que la educación orientada únicamente a la capacitación técnica y profesional, priva a los jóvenes estudiantes de que se formulen las eternas interrogantes a las que se enfrenta el hombre de todos los tiempos. ¿Quién es el hombre? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Qué es la dignidad el ser humano?
Sin una formación humanística (filosófica) adecuada. El profesional queda encerrado en una extrema especialización, en el caso de los médicos convirtiéndoles en unos técnicos excelentes pero sin un sentido humano de la medicina y una cultura general muy pobre.
Todo buen profesional debe ser de algún modo un humanista ha de tener una cierta actitud teórica, un afán de conocer mejor al hombre y su mundo desde la perspectiva que le es propia como el caso de los médicos, clínicos, investigadores, docentes.
Es necesario desempolvar las Humanidades que algunos las quieren presentar como saberes al margen de la vida, de la realidad misma y ese interés y esa preocupación designan una actitud auténtica, como es el conocer más a fondo: Lo humano, lo que es el hombre, la persona. Si las humanidades abstraen y teorizan es para entender mejor a la persona, aquí y ahora en estas circunstancias precisas y poder afirmar que esas circunstancias tienen su historia y tiene su futuro.
Las humanidades se mueven entre el origen y el destino del hombre, de manera que atendiendo al detalle, no olvidan el todo ni el orden para saber distinguir lo principal de lo secundario. Son un antídoto contra lo fragmentario y contra la dispersión. Dan una visión integral de la realidad, en vez de una visión fragmentada que transmite una formación ecléctica. Además estas ciencias llevan consigo, el reclamo de la disposición interior hacia el bien y la verdad. No sólo dan una educación en el saber, sino también en el ser.
Las Humanidades han sido eficaces transmisoras de los conocimientos básicos: de lectura, redacción, capacidad de expresión, atención, juicio crítico y reflexión. Capacidades tan ausentes en muchos universitarios. La educación humanística, establece las bases de una verdadera vida intelectual de los alumnos, la verdadera vida, la única en este mundo.
El humanista es quien enseña a escuchar, a comunicar, a establecer relaciones, a saber ver sobre todo a distancia.
Esta fundamentación sobre todo filosófica, pone las bases, los cimientos a la comprensión de la Ética y por ende a la Bioética. Un alumno que no sepa quien es hombre, no sabrá la manera de tratarlo correctamente y perderá el sentido verdaderamente humano en el servicio a la vida y a la salud.
Esta inquietud que se percibe en las universidades, nos permite decir con propiedad que la Universidad está en crisis- en tensión interna- desde sus inicios , pero nunca como ahora los centros se estudios superiores habían estado tan perplejos acerca de su propia identidad y que además pone en cuestión su propia autenticidad.
En palabras del profesor Pedro Morandé, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, resumía en un encuentro de profesores universitarios en Europa Septiembre del año 2000, lo siguiente: “En el ambiente cultural actual de la universidad, en el que se sobrevalora la dimensión instrumental de la ciencia y de la técnica, se llega a un detrimento de una consideración más detenida sobre la implicación moral de los actos humanos”
Es por ello que urge la necesidad de superar el entorno intelectual enrarecido y el nihilismo que ha penetrado en la misma universidad, con situaciones que han producido un abandono de la confianza en la capacidad de conocer del ser humano o por la renuncia deliberada a la inteligencia contemplativa. Las universidades sobre tecnificadas se han convertido en institutos politécnicos de capacitación para el trabajo con espacios más reducidos para el desarrollo de de la visión contemplativa de la inteligencia.
Las humanidades en este contexto, rompen esa esclavitud del saber a la tecnología y permiten desarrollar la plenitud sapiencial del conocimiento humano. Al mismo tiempo le confiere la conciencia de que se debe a un Ser Superior, auténtico creador de la realidad que pretende conocer. Sólo desde ese reconocimiento de la impotencia por dominar la Creación puede abrirse con plenitud a la Verdad. El hombre descubre su propia finitud y debe aceptar la precariedad de lo conocido (Morandé)
Esta creo, debe ser la actitud del docente universitario que pretende con honradez alcanzar la explicación última de las cosas: reconocer en su labor investigadora las limitaciones de la razón para conocer y comprender el sentido mismo de la Creación. Será entonces cuando se situé en “El umbral del misterio el cual puede presentir y desear ardientemente conocer, más no puede con la sola razón penetrar”
El progreso económico y tecnológico no han solventado, o resuelto los grandes problemas del ser humano. Uno de estos problemas es el vacío intelectual con una “crisis de significados”. Se ha fragmentado el conocimiento humano, convirtiendo la investigación en un instrumento difícil para la búsqueda de los significados a las preguntas fundamentales del hombre (¿Quién es el hombre?, ¿Qué es la persona humana?) Y bajo un cúmulo de datos y hechos experimentales, el concepto de persona se ve invadida por una ambigüedad que le impide a cualquier intento de conocer su trascendencia.
La universidad debe comprometerse para hacer posible la transformación de la sociedad y la promoción del debate social sobre las cuestiones fundamentales del ser humano. Esto podrá lograrse si se avanza hacia un diálogo interdisciplinario que complete el conocimiento y analice los problemas de la humanidad. Con esto las casas de estudio pueden acceder a un espectro más amplio de valores y además dará al estudiante una visión más clara de la realidad. Propiamente hablando, las disciplinas humanísticas sirven de base y piedra de toque de todas las demás materias, pues además les proporciona la genuina sapientia junto a la elocuentia.
En consecuencia, el poder liberador de las humanidades facilita que el estudiante no caiga en los condicionamientos de la mediocridad, de la superficialidad, del error, de los prejuicios y de la servidumbre de una súper especialización obsesiva; sólo entonces brotará la sabiduría, seguida de la prudencia y, quizás podrá instaurarse un nuevo orden social. Por eso la formación humanística es necesaria para todos: constituye la base de una educación completa. La precisan tanto los estudiantes de las ciencias biológicas como los de las otras disciplinas. Y debe estar presente en el ejercicio de cualquier profesión. Todo buen profesional debe ser de algún modo, un humanista.


Noviembre 13th, 2008 at 3:03 pm
Excelente artículo, muy oportuno para los alumnos de ciencias de la salud. Yo lo tamré para mis clases de Bioetica en la USAC.
Gracias por colocar tan buen y oportuno material.