May. 12 2008

Pluralismo y Bioética

Posted by lararoche

Pluralismo y Bioética

Dr. Carlos Lara Roche*

El mundo moderno ha asistido a la pérdida de la homogeneidad cultural y de las creencias. De un sistema basado en la homogeneidad de valores, hemos pasado a otro en que la pluralidad y el respeto de la pluralidad han cobrado el primer plano. En la vida religiosa, en la moral, en la política, hemos pasado de sistemas basados en el “código único” a otros que colocan en primer término el respeto del “código múltiple”. Utilizando la frase de Max Weber, podemos decir que hemos pasado del “monoteísmo axiológico” al “Politeísmo axiológico”.

En las sociedades democráticas se exige la determinación de unos valores, pocos pero seguros. Que se establecen como absolutos y axiales de la convivencia.

Estos planteamientos, en mi opinión, han influido en las llamadas Ética de máximos, o Ética de mínimos y por ende en bioética de máximos o de mínimos. Como es lógico entrever, este planteamiento dual y en ocasiones antagónico de concebir la ética está derivado de una serie de presupuestos teóricos sobre cómo hay que entender la vida moral del ser humano, y está influido grandemente por la búsqueda de un contenido ético mínimo que pueda ser compartido por todos los hombres.( L. M. Pastor).

Pluralismo

El pluralismo supone el reconocimiento práctico de la libertad humana y consagra la convivencia de conductas diferentes. Sin embargo el pluralismo sano sólo es posible cuando las diferencias se apoyan sobre valores comunes. Esto significa que el pluralismo debe afectar a las “formas” no al “fondo” porque en el fondo donde se apoya la libertad debe ser un fondo común que hace las veces de fondo de garantías: las exigencias fundamentales de la naturaleza humana.

Por lo anterior, el primer paso de la ética es precisamente, ver con corrección la realidad de las cosas, conocer las cosas objetivamente, no como nos convenga que sean.

Sin embargo el pluralismo democrático se presenta, con una dimensión llamada posmodernista que se caracteriza por la ausencia de contenidos morales, la negación de valores morales universales e inmutables que garanticen la identidad y autenticidad del hombre.

Según Manuel Alarcón: “hablar de la relación entre bioética y la sociedad pluralista es algo que se impone”.

El pluralismo es un valor tan importante, que se ha hecho imprescindible en cualquier reflexión sobre valores, pero al mismo tiempo es una realidad compleja y difícil que puede ser cuestionable.

* Presidente de la Asociación Guatemalteca de Bioética

Catedrático de Ética General y Bioética UNIS

En una sociedad pluralista, con divergencias en cuestiones fundamentales, se requiere un esfuerzo común de reflexión racional: por el diálogo al consenso y a la convivencia pacífica.

El pluralismo hay que comprenderlo como una “mediación” de la verdad. La verdad necesita de mediaciones para llegar a la mente y corazón del hombre. Que sin ellas. El hombre no es nadie.

Como decía anteriormente, hablar de pluralismo en la actualidad es complejo, porque si bien las sociedades son plurales, se vive un pluralismo enfermizo, porque por un lado, es insano, pero por otro lado no se le puede ignorar o eliminar, como si fuera un simple capricho. Es un hecho, y los hechos no se niegan.

El reto consiste en descubrir el sentido válido, positivo y sano de lo que llamamos pluralismo. El pluralismo supone libertad, pero no una libertad sin razón, al contrario la libertad para ser auténtica debe estar iluminada por la razón, único camino para encontrar la verdad.

“El pluralismo es un hecho que prueba la esplendorosa fecundidad de la vida. Es la gama de colores y el lujo de la existencia” (J. L. Del Barco) Es pues un grandioso bien. Pero eso no significa que las distintas culturas no se tengan que medir con la magnitud de la verdad y el valor.

Hay así mismo valores y verdades elevadas, rasgos supraculturales, que sobrepasan los límites del espacio y el tiempo. Un ejemplo indiscutible son los derechos humanos. Ellos marcan la frontera del apogeo del plural. No hay una versión plural, que incluya quitarla de en medio en algunas circunstancias del derecho inalienable del ser humano a la vida. (Del barco)

En conclusión necesitamos de un pluralismo honesto, respetuoso, y abierto. Hay líneas de trabajo e investigaciones que anteponen los valores económicos y los científicos y, por supuesto a los éticos. Por lo tanto, se impone no sólo considerar los datos empíricos, sino desde una reflexión filosófica, más si como ocurre en los casos bioéticos, lo que está en juego es la vida humana y su futuro.

Un concepto de Bioética

La bioética es una disciplina muy joven, pero que adquiere más importancia y prestigio cada día. Podría decirse que la bioética está de moda y esto lo demuestra la gran cantidad de neologismos o nuevas palabras que aparecen alrededor del prefijo “bio” que se emplea en la actualidad, ejemplo: bioderecho, biotecnología, biofísica, bioinformática, etc.

La palabra bioética como es conocido, deriva de las palabras “Bìos” que significa vida, y “Ethos” que significa moral o Ética.

La bioética en una definición sencilla “Es la ciencia ética o moral que regula las intervenciones biomédicas sobre la vida del hombre”.

Sin embargo con las distintas interpretaciones del llamado pluralismo la bioética corre el riesgo que el prefijo “bío”quedara separado del sufijo “Ética” que es algo de lo está sucediendo en la actualidad, en el llamado “debate bioético” y en el trabajo de los llamados comités de bioética, en los que se juzgan las acciones médicas o biológicas, vaciadas de su contenido moral, quedando solamente el aspecto biológico o material del ser humano.

Es por ello que para no perder ese punto de vista o referencia moral de la bioética, ésta, tiene que estar firmemente fundamentada en principios antropológicos y metafísicos, como son el concepto de persona y de dignidad personal, basados en su sentido trascendente y el valor de la vida humana sea respetado desde su inicio hasta su ocaso natural.

La manera de hacer bioética, va a depender de la concepción antropológica y ética que se tenga del ser humano y correlativamente de la teoría normativa que se adopte.

En todo caso existe un consenso general, que la bioética es una disciplina interdisciplinaria, multicultural y transconfesional. Por lo cual lo adecuado sería contar con una universal de base o plataforma desde la cual se busque la verdad auténtica y que obliga a todos. Principios universales como aceptables a todo hombre, creyente o no, que estén enraizados en la moral vivida y en la verdad y realidad del hombre.

Estos principios que se conciben como absolutos, se sustentan en la dimensión moral de lo bueno, reclaman un estilo de vida que los configura como inexcusables. Se constituyen sobre una doctrina de la sabiduría y de la felicidad.

Unos de estos principios serían, “La sacralidad de la vida humana y el de la “Calidad de vida” en su correcto sentido.

El principio de la sacralidad de la vida humana, se fundamenta en un naturalismo ontológico, o sea, la naturaleza del ser, que concibe la moral como un orden natural. Ambas dimensiones son condiciones básicas de la realidad de la vida humana. Y ¿Cuál es esa realidad?, es la que busca la bioética de la persona humana y el valor de la vida humana como bien primario y fundamental y fuente de todos los derechos humanos y de todo orden social.

El “debate bioético”

Para algunos autores el llamado “debate bioético” es una aporía, o sea un callejón sin salida, una dificultad lógica insuperable. Esto ha llevado a decir a Barrio Maestre: “El debate bioético más parece una negociación política que una verdadera discusión”.

Hans Thomas se pregunta: ¿Ética y pluralismo pueden ir de acuerdo? Y en uno de sus artículos sobre el tema, denunciaba el fracaso de la discusión bioética, que acababa siendo una lucha de poder entre creencias y cosmovisiones, y añade: “el inexistente consenso del así llamado discurso ético libre de presupuestos no se explica por la liberación de creencias y condiciones previas. Muy al contrario tras la diversidad de de concepciones acerca de lo admisible y lo inadmisible, se encuentran precisamente diversas creencias, disimuladas a sus creyentes con mentiras que ponen con energía, otros, imponiéndole sus dogmatismos”. Y es que no se puede iniciar un diálogo partiendo de ningún punto de vista. Siempre tendremos creencias, puntos de vista que defender, eso sí con tolerancia y escuchando al otro. La impresión como decía que a algunos produce el actual debate bioético es que se parece más a una negociación que a una discusión ética. El compromiso y la componenda sustituyen a la verdadera argumentación.

El diálogo, ese extraordinario ejercicio de la persona, es el escuchar al otro y no lo otro. En el lenguaje popular se dice que hablando se entiende la gente, y que cuatro ojos ven más que dos. Lo que es importante es que el diálogo sea sobre bases racionales y con la mirada respetuosa sobre la realidad, porque así se es objetivo. Y se evita el peligroso subjetivismo sobre todo el moral.

El primer paso de la ética es precisamente, ver correctamente la realidad, y no como lo hace la filosofía kantiana, que se plantea en la modernidad, afirmando que es imposible al conocimiento, acercarse a lo real, prescindiendo de los intereses de la razón.

Lo que nunca debe faltar en el debate bioético, es la referencia moral con criterio unificador, ya que la ética debe ser una en lo fundamental, no múltiple. La ética puede ser relativa en las formas pero debe serlo, respecto al fondo.

Una consecuencia del diálogo es el consenso, y el consenso sólo es legítimo cuando todos aceptan normas básicas de la moral, porque la ética solamente se puede fundamentar sobre principios no discutibles. Se hace necesario distinguir entre el diálogo, que ya lo hemos discutido y la ética dialógica. Esta última exige la no admisión de todo presupuesto, pero en el fondo, según Barrio Maestre, admite sólo uno: la verdad, que no es practicable, y mucho menos imponerla a los demás, según dicen de manera persistente los defensores de ésta ética dialógica. Es una posición relativista. Entonces debemos comprender que si la verdad no existe, o no puede ser lograda por la razón, entonces carece de sentido el discurso mismo en el debate. Si la razón es de llegar a la verdad, ¿para que discutir? El diálogo entonces se transformará en un mero pulso, un ejercicio de poder entre los interlocutores.

Por lo tanto no tiene sentido hablar de mi verdad, o la tuya, esto es válido para las opiniones, pero no con la verdad.

Las éticas del diálogo se llaman también procedimentales porque piensan que lo justo sólo puede ser decidido cuando se adopta el consenso como procedimiento y el consenso debe ser mayoritario, pero debemos de tener cuidado y aclarar que la ética no nace automáticamente del consenso pues hay consensos que matan.

Por lo tanto es necesario decir, que aceptar normas básicas de conducta moral, entre otras cosas quiere decir, que el debate no es el último fundamento de la ética, pues un fundamento discutible dejaría de ser fundamento. Sin embargo hoy el reconocimiento de valores morales absolutos se encuentra bajo sospecha. La objeción más frecuente que se hace es que la moralidad es siempre subjetiva. Si se piensa de esa manera se hacen a un lado, el reconocimiento de los valores recogidos en la declaración Universal de los Derechos Humanos (1948).

Popper llega a señalar que aún cuando en la discusión cada uno mantiene su postura y no se llega a una solución común, por lo menos se sale enriquecido de ese diálogo. También hay que considerar que toda valoración de tipo ético, es decir sobre la bondad y la maldad del actuar humano, debe hacerse en base, y a la luz de determinado sistema de referencia, dígase la Ley Natural y el valor antropológico en la toma de decisiones en bioética, como son la defensa de la vida humana y el respeto a la dignidad de la persona humana.

De lo que se trata entonces en el debate para tomar decisiones, es lograr de encontrar una metodología rigurosa que responda al carácter interdisciplinario de la bioética y que resuelva los nuevos dilemas que se presentan de modo que no se desvirtúe el significado de la realidad natural y humana. No puede ni debe olvidarse que la argumentación ética, supera los planteamientos técnicos, científicos y racionales.

El Relativismo moral

Una de las consecuencias del pluralismo mal entendido en bioética, da origen al llamado relativismo moral, que postula que no hay verdades absolutas, sino provisionales o relativas debido a la incapacidad de la razón humana de alcanzar a conocer la verdad. Por lo tanto se podría definir como un escepticismo mitigado. La tolerancia debe ser absoluta como se advierte en nuestras sociedades democráticas, llevados del deseo de tolerarlo todo, se llega a relativizarlo todo, cayendo en lo que “Todo vale y nada vale”.

Como podemos ver, el relativismo atenta contra la ética porque pretende jerarquizar subjetivamente. Cada uno tiene derecho a pensar como quiera sobre cualquier tema, que cada uno debe de actuar según su personal modo de ver las cosas, que es propio de las personas maduras no admitir nada sin comprenderlo.

Si este relativismo se da en la bioética, los llamados dilemas éticos se resuelven por consenso de mayoría, por procedimientos formales vaciados de toda consideración moral. Con ello se puede llegar a aprobar leyes contrarias a la ley natural, como serían la legalización del aborto y la eutanasia y otros abusos contra la dignidad de la persona.

En conclusión el relativismo debe ser considerado como un error intelectual y una contradicción en sí mismo.

Bibliografía.

Ayllón José Ramón: Bioética, pluralismo y Relativismo. Cuadernos de Bioética

No. 51-52, 2003.

Barrio Maestre, José María: La Aporía fundamental del llamado “debate” bioético. Cuadernos de bioética No 51-52. 2003

Tomás y Garrido Gloria: La Bioética: Un compromiso existencial y científico

Ediciones de la universidad Católica San Antonio 2005.

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