Abr. 30 2008

Las Dos Grandes Opciones de la Bioética

Posted by lararoche

Las dos grandes opciones de la Bioética

Dr. Carlos Lara Roche *

Después de varios años de nuestros andares por los caminos y los afanes de la Bioética, se considera necesario explicar algunos conceptos que no han quedado claros en esta nueva rama del conocimiento ético.

En los medios académicos se confunde, la Ética Médica, la Deontología, con lo que es la Bioética, No se conocen sus diferencias y al hablar de bioética se identifica con los Comités de Ética de la Investigación, que son los más comunes, o en el mejor de los casos con el Comité de Ética de un hospital, por ejemplo, en donde se discuten y se resuelven problemas de Ética Médica en el ejercicio de la profesión.

Nada más inexacto e incompleto, se desconoce que la bioética no se queda únicamente en la normativa y en la orientación de la relación médico-paciente.

La Bioética, ha sobrepasado estos límites. El desarrollo de la ciencia y de las tecnologías, han creado además de muchas ventajas, temores e incertidumbres sobre la persona humana, en detrimento de su dignidad y de su respeto. Esta es una de las razones por las que se va desarrollando paralelamente a la ciencia y a la técnica, una nueva materia: la Bioética, cuyo primordial objetivo debería ser darle un rostro humano a esos avances científicos y técnicos.

¿Cómo nace la bioética? La bioética es hija de la modernidad. Después de la Segunda Guerra Mundial y de los abusos cometidos por regímenes totalitarios, especialmente contra los prisioneros en los campos de concentración alemanes, surge la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU) en 1948, y precisamente para defender esos derechos inalienables, aparecen declaraciones internacionales para regular la investigación en seres humanos, que hacen marco al surgimiento de la bioética.

El oncólogo Van Renselaer Potter, en 1970-71 publica dos famosas obras en donde aparece por vez primera la palabra Bioética, buscando tender un puente entre la ciencia y la ética. (Universidad Wisconsin).

* Médico y Cirujano, Especialista en Bioética, Catedrático de Ética Médica y Bioética de la Facultad de Medicina Universidad Francisco Marroquín, Miembro de la Asociación Guatemalteca de Bioética. Licenciado en Historia, Catedrático de la Maestría en Docencia Universitaria Universidad del Istmo. Académico de Número de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala.

La definición más corta, pero bastante completa es la de Mons. Elio Sgreccia: “La Bioética es la filosofía moral de la investigación y de la práctica biomédica.” (Sgreccia. E: 1994)

La bioética es una nueva disciplina que requiere de un estudio, metódico, sistematizado y profundo, con un conocimiento adecuado de la Antropología Filosófica, para saber exactamente quien es el hombre, y el conocimiento también de los fundamentos filosóficos de la Ética, los que por supuesto deberían ser enseñados en las universidades, especialmente en los estudios de las ciencias de la salud, el Derecho y otras disciplinas.

Esto ayudará a los estudiantes a comprender el porqué y el para qué de la Bioética. (La promoción y defensa de la persona humana).

Los principios filosóficos de la bioética son los mismos de la ética.

La bioética no es un conocimiento autónomo, independiente, con su propia epistemología, sino que es la misma ética aplicada a problemas específicos que presenta la biotecnología al ser usada en el ser humano. La bioética no es una disciplina que pone límites, sino que es la prudencia aplicada a las acciones del hombre en la tecnología.

Ahora bien, al hablar de bioética, hay que saber que existen variedad de posturas y corrientes de pensamiento, por lo que con toda propiedad se puede decir que no debemos hablar de una sola bioética, sino de bioéticas en plural.

Este fenómeno se explica por el pluralismo de las sociedades actuales, en las que existen variedad de ideologías, creencias y concepciones filosóficas lo que hace necesario adoptar un lenguaje asentado en la razón, el que usa la filosofía para reflexionar sobre la vida moral.

Por lo tanto es muy importante en el diálogo del debate bioético, mantenerse desde el principio hasta el final, en el horizonte de la reflexión filosófica, ya que de otra manera es muy difícil llegar a acuerdos basados en diferentes puntos de vista.

Ciertamente la bioética implica un campo complejo de cuestiones, una encrucijada de reflexiones teóricas y prácticas en el interior de las discusiones multidisciplinares. La filosofía de la ciencias, el derecho, la deontología de la investigación y de la praxis médica, la antropología, la ética, la teología, etc., comparecen en un tema, en el que está en juego el valor de la vida humana, su protección, su desarrollo, o… su destrucción. Es claro sin embargo, que de acuerdo con su propia denominación, la bioética debe tener como objetivo central, la orientación normativa de la acción médica. Ha de ser ante todo bio-ética: una ética de la vida.

Las corrientes filosóficas que dan origen a las diferentes bioéticas

Las principales orientaciones filosóficas que dan origen a las diferentes corrientes bioéticas serán brevemente enumeradas: El Naturalismo Sociobiologísta, la Ética Liberal Radical, la Pragmática-Utilitarista, el Consecuencialismo, la filosofía Personalista, la Ecologista y otras.

El Naturalismo Socio-Biologista.

Esta corriente propone una ética basada en el evolucionismo. Para este pensamiento, los valores presentes en un cierto grupo social, en un determinado momento histórico, constituye la respuesta de los individuos seleccionada naturalmente para la adaptación al ambiente. Según este modelo, la vida y la sociedad están sujetas a la evolución biológica y sociológica; por lo tanto, los valores morales deben también modificarse de modo evolutivo. El motor es el “egoísmo ecológico”, que da lugar al derecho y la moral como expresiones culturales.

Desde este punto de vista, el único valor ético es el que permite mantener el equilibrio evolutivo del ecosistema en continuo progreso. Todo lo que esté a favor de este progreso, está bien, y lo que compromete el equilibrio está mal.

Dos principios fundamentan esta corriente: la prioridad de la especie respecto al individuo por el principio de selección, y la coincidencia del comportamiento con los valores reconocidos. Se cae de esta manera en el relativismo historicista.

En el campo biomédico se traduce en el eugenismo, buscando por ejemplo al “niño perfecto”, tanto en forma negativa, destruyendo niños mal formados, o como un eugenismo positivo con la manipulación genética para evitar niños malformados (niños a la carta).

El Modelo Liberal Radical.

Muchas corrientes actuales del pensamiento, desembocan en el relativismo moral: el neo-iluminismo, el liberalismo ético, el existencialista nihilista, el cientificismo neo-positivo, el emotivismo, el desicionismo.

La propuesta principal de todas estas corrientes, es que la moral no se puede fundamentar ni en los hechos, ni en los valores objetivos o trascendentes, sino sólo en la “opción” autónoma del sujeto .En otras palabras, se parte del cognitivismo, o sea la imposibilidad de conocer los valores, sólo los hechos.

De esta manera es el principio de autonomía el que cobra relevancia. El único fundamento de la actuación moral es la opción autónoma.

Se adopta la libertad como supremo y último punto de referencia: es lícito lo que se quiere y acepta como libremente querido y que no lesiona la libertad ajena, mi libertad llega hasta que no lastime al otro.( Sgreccia E: 1996).

Así, respecto a la ingeniería genética, se sostiene la libertad de investigación, el investigador debe ser objetivo en la evaluación de sus resultados y no debe tener ninguna regla ética sobre él.

Se advierte también en la vida cotidiana: con la liberación del aborto, la libertad de la mujer está sobre el valor de la vida de su hijo, en la elección del sexo de sus hijos, la libre actuación en la fertilización in vitro, decidir el momento de la propia muerte, etc.

El Modelo Pragmático-Utilitarista.

Esta doctrina identifica el sumo bien con lo útil. No se limita a decir que lo útil es bueno, afirmación que puede ser compartida por la mayoría de las éticas, con sus matices y límites, sino llega a darle un primado y hace consistir lo útil es lo nuclear del bien. Supone, pues, un reduccionismo, dado que lo útil lo considera únicamente en el terreno de lo sensible (material) dejando de lado el mundo espiritual: conocimiento, verdad, libertad, amor, que son el punto de partida del bien supremo que es Dios.

En la Bioética este modelo se basa en la teoría de la praxis y una justificación del utilitarismo social. Es una posición bastante difundida en algunos centros y comités de bioética. Según esta teoría, el entendimiento humano no puede llegar a alcanzar ninguna verdad de tipo absoluto (relativismo) y por lo tanto, tampoco puede definirse una moral válida para todos y para todos los tiempos. Es necesario acudir a una moral “comedida”, “pragmática”, de mínimos.

Todo vale si es útil, de ahí la máxima moral dominante y como producto la eficiencia. Ninguna acción es intrínsecamente mala o buena. Un rechazo así de la moralidad intrínseca de la acción se llama utilitarismo. El utilitarismo provoca en última instancia, ceguera completa, e impide que resplandezcan las ideas morales más sencillas. El destino del utilitarismo es trágico, porque lleva al resultado inmoral de sus reflexiones, defiende que, el fin justifica los medios. (Del Barco J ,L ,: 1994).

La orientación pragmática-utilitarista tiene tres vertientes:

a) La deontología prima facie

b) El contractualismo

c) El Principialismo

La deontología prima facie propone que todos los valores son reconocidos en sentido general, pero no son valores absolutos. Se habla por lo tanto de deberes, pero no absolutos sino relativos que admiten excepciones.

El contractualismo, es otra orientación similar, esta fundamentación ética, pone la necesidad de estipular un acuerdo entre algunos individuos que constituyen “la comunidad moral”. Buscan un consenso colectivo acerca de normas y procedimientos que regulen la convivencia social.

El principialismo, de Beauchamp y Childress, elabora el sistema de la fundación de la Bioética según los principios siguientes:

La beneficencia y la no maleficencia. Que es un principio de la medicina hipocrática .(hacer el bien y no hacer daño).

La autonomía, que es el principio de la filosofía liberal moderna.

El de justicia, es el principio de la medicina moderna. (socialismo-liberalismo) en relación a la economía sanitaria.(es la misma equidad, justicia sin caridad)

Los tres principios aparecen como óptimos en la formulación abstracta, son utilizados sin una jerarquía o subordinación entre ellos; por lo tanto su aplicación lleva el riesgo de desembocar en un relativismo ético.

El modelo de la Bioética Personalista.

Según nuestra opinión, este es el modelo más apropiado para resolver contradicciones de las corrientes anteriormente resumidas y al mismo tiempo para fundamentar la objetividad de los valores, como la dignidad de la persona humana, la solidaridad, los derechos del hombre, etc.

Esta corriente es la más acorde con las exigencias de la razón humana. La tradición personalista profundiza sus raíces en la misma razón del hombre y en el corazón de su libertad.

La bioética personalista, se fundamenta en la ética realista (aristotélica-tomista) y en la filosofía personalista. El personalismo gusta, por su carácter sereno, positivo y constructivo; agrada también porque proporciona claves para responder a algunas de las interrogantes que se ventilan actualmente en la cultura como son: la fundamentación de los derechos humanos, la crisis de la afectividad y de la familia; las relaciones entre fe y cultura, la propuesta de modelos intelectuales de referencia; una aclaración sobre la misión del pensamiento en la sociedad, etc.(Burgos, J,M: 2002).

Esta fundamentación personalista, como se ve, no es un capricho intelectual y menos aún una opción confesional, sólo para católicos y que no se pueda aceptar desde una plataforma de discusión puramente racional. Por el contrario, la fundamentación personalista es la expresión de una seria reflexión racional sobre la realidad que constituye el centro de la actividad biomédica y de toda actividad humana, a la vez sujeto y objeto de la misma: la persona humana.

De ahí que la reflexión bioética no puede surgir, más que de un esfuerzo de comprensión de la realidad de la persona; si no fuera así, estaríamos construyendo castillos en el aire. (Miranda, G: 1993)

Analizadas las diversas corrientes filosóficas de la fundamentación de la bioética actual, se aprecia que las opciones se van reduciendo prácticamente a dos: por un lado, la bioética pragmática- utilitarista, que engloba la mayoría de corrientes que en cierta manera tienen un común denominador, el consecuencialismo y su cierre a la trascendencia. Y por el otro lado, la bioética personalista, abierta a la trascendencia, con una referencia clave a la consideración del valor de la vida humana como bien primario y fundamental y el respeto a la dignidad de la persona humana.

1. Bioética cerrada a la trascendencia (pragmática-utilitarista).

Este tipo de bioética es la más popular en el mundo anglosajón y se le conoce también con los nombres de bioéticas de los principios, bioética laica, queriendo desligarla de algún sesgo religioso y, por ende fundamentada en una filosofía cerrada a la trascendencia. Este término “laica” se refiere a la imposición del discurso moral “etsi Deus non daretur” Como si Dios no existiera o en ausencia de Dios, (Palazzani, L: 1993).

El Nuevo Paradigma.

En esta época de la globalización a todos los niveles: económicos, de la comunicación, de la ciencia computarizada, los estándares productivos y financieros. También se habla de una nueva ética (no la tradicional) globalizada sobre todo en materia de salud mundial.

Muy ligada a esta nueva propuesta del modo de pensar, se encuentran los postulados de la llamada “Nueva Era”,(New Age): con una nueva visión del mundo, una idea de totalidad, de globalidad espiritual, política y económica, una concepción de la humanidad y del universo integrado en un sólo organismo vivo, con una profunda y exagerada conciencia ecológica, etc.

La palabra “paradigma”puede evocar el conjunto de conocimientos adquiridos por una disciplina científica en una determinada época de la historia. Hoy día esta palabra se emplea equivocadamente, y se asocia a ella una escala de valores que permitirían declarar obsoleto un paradigma determinado y autorizaría a sustituirlo por otro.

Tras haber estado ligada mucho tiempo a la tradición de la medicina hipocrática y judeo-cristiana, la Organización Mundial de la Salud, en su Asamblea Mundial en 1991, bajo la dirección del Dr. Hiroshi Nakajima, declaró que era necesario elaborar un “nuevo paradigma de salud en función del cambio de las realidades políticas, económicas y sociales”, porque de lo contrario no se alcanzaría el objetivo de otro slogan “Salud para todos en el año 2000″. Los cambios mundiales a que se refería podían achacarse, sobre todo, a la escasez de recursos para lograr el objetivo. Declarar la necesidad de un nuevo paradigma de salud equivaldría a afirmar que el paradigma de salud aplicado hasta entonces que derivaba directamente de la definición de salud escrita en el acta de fundación de la organización ya no estaba en vigor.

El nuevo paradigma de salud consiste en una perspectiva mundial donde la salud esté en el centro del desarrollo y de la calidad de vida.

Partiendo de un análisis socioeconómico y político, propone un cambio con vista a una mayor selección y concentración de los recursos en pocas actividades económicas eficaces, que propicien resultados visibles con bajo coste, dada la escasez de recursos.

El nuevo paradigma de salud equivale a lo que hoy se llama “nueva ética para la igualdad, la solidaridad y la salud”.

¿Una nueva ética?

Otro de los campos a los que se amplía el nuevo paradigma, cuando sitúa la perspectiva mundial centrada sobre la salud, es el de la ética.

Paradigma de salud es un concepto que implica un discurso ético, y en cierto modo, se convierte en norma de los actos humanos.

Se propusieron ideas como las siguientes: las referencias éticas tradicionales no pueden servir para la solución de prácticas que son hoy día distintas; debe reconocerse la pluralidad de puntos de vista; en el debate ético, cada uno tiene el derecho de expresar su propio punto de vista, que debe ser escuchado y valorado; los valores éticos deben desarrollarse con los individuos y las comunidades directamente interesadas. Hay que señalar que la propuesta es la de una nueva ética carente de toda verdad objetiva y que debe recurrir al pacto social, al acuerdo, para existir y para llevar adelante un proyecto común, un acuerdo entre los sujetos, estipulado entre los que tienen la posibilidad y la capacidad de decisión.

La bioética derivada de esta nueva ética, como vemos se funda en una filosofía cerrada a la trascendencia, con una visión del hombre y del mundo completamente reduccionista, considera al ser humano como una especie más entre los animales y estudia al hombre solamente en su aspecto biológico material, olvidando su dimensión trascendente espiritual.

La pérdida de la dimensión trascendente genera todas las frustraciones del hombre e impide construir un mundo que sea habitable humanamente y en que lo esencial de lo humano no quede cercenado, pudiendo el hombre actuar en rectitud moral.

Cuando la persona humana se libera de la moral o la desplaza a lo meramente subjetivo o la manipula como puro utilitarismo, se encamina hacia la esclavitud de la tiranía, subordinando lo espiritual a lo material y la libertad al libertinaje.(Mons. Barrio, Barrio, J: 2004).

Con este nuevo paradigma surge también una discrepancia filosófica, la cual niega la capacidad de la razón para conocer lo que es el ser, o sea que niega el realismo ontológico como lo propone la filosofía de Kant y la mayoría de los filósofos llamados modernos. Con esa actitud antimetafísica en que se pierde el ser negando esta realidad óntica, la cual se declara incognoscible. En consecuencia la realidad de Dios, es indemostrable.

Este cierre a la trascendencia origina dos antropologías diferentes: la subjetivista y la objetiva, lo cual dará pié a éticas también diferentes.(el utilitarismo y al personalismo).

Los que se cierran a la trascendencia caerán en el subjetivismo y en el relativismo moral, en una ética de principios prima facie, que son principios generales, variables cuando las circunstancias lo requieran: la responsabilidad es únicamente con sigo mismo, no hay nadie en la tierra como en el Cielo, a quien dar cuentas, se admiten a los demás como límite a mis derechos, mientras esos otros sujetos no alteren mi modo de vivir. Hay que ser tolerante con todos, menos con los que afirman tener alguna verdad; a esos dogmáticos hay que echarlos fuera, porque atentan al relativismo y este es el fundamento máximo de la autonomía irrestricta que claman los utilitaristas.

Esta filosofía reduce el ser al pensar, convierte la metafísica en gnoseología (conocimiento) y reducen la metafísica en epistemología. Se produce una antiética con la pérdida del deber ser.

Si no hay ser, no hay metafísica, si no hay metafísica ya no hay una moral heterónoma, objetiva y estable.

Kant intenta una moral racional, autónoma, subjetiva, su ética es una moral sin ser, sin fin, sin Dios.

Y con palabras de Dostoievski, palabras radiantes que destilan claridad. Si Dios no existe, todo está permitido. Nunca se ha dicho más claro que moral y trascendencia van cogidas de la mano. (Del Barco, J, L: 1997).

Otra de las metas de esta bioética, es la llamada Calidad de Vida, vale la pena entonces que dediquemos algunas palabras de aclaración a este concepto. La bioética está formalmente comprometida con la vida humana y la promoción de su calidad. Por lo mismo, según a que se llame “calidad de vida”, así será el trato que se le haya de dispensar.

Los puntos de vista del término, tiene varias connotaciones; desde un punto de vista exclusivamente clínico, la calidad de vida se refiere a las condiciones biofisiológicas y sociales que aseguran una vida humanamente autónoma. Esto se manifiesta en la capacidad de independencia que la persona tenga respecto a los demás, capacidad de conocimiento, de expresión y de movimiento. Los médicos por lo general tienden a valorar la vida humana en función de parámetros meramente biológicos. La gran mayoría valora además y sobre todo, la autoconciencia del paciente.

La calidad de vida según la Organización Mundial de la Salud, incluye seis áreas: la salud fisiológica, el nivel de independencia, relaciones sociales, campos afines (economía, libertad y seguridad). Este concepto es muy ligado al de la salud que la misma corporación definió, como “El estado perfecto de bienestar físico, mental y social”. Este tipo de bioética pragmática-utilitarista, propone el hedonismo de una ética consecuencialista que equipara las experiencias gozosas o agradables con lo intrínsecamente bueno, y el dolor u otros sufrimientos, con lo que es intrínsecamente malo. Lo bueno es lo útil.

En otras palabras, el utilitarismo considera, que si la vida humana, está llena de una salud sin tacha, con utilidad máxima del individuo, esa vida sí, vale la pena vivirla, lo contrario no vale la pena. Confundir Calidad de vida con dignidad personal a traído consecuencias nefastas.

“El primer derecho de una persona humana es su vida. Ella tiene otros bienes y algunos de ellos son más preciosos; pero aquel es el fundamental, condición para todos los demás” (Instrucción Declaración sobre el aborto procurado, Congregación para la Doctrina de la Fe.1974.) El respeto, la defensa y la promoción de la vida es un imperativo humano fundamental, un derecho inherente a todo ser humano. Aplicar de modo ambiguo el término calidad de vida lleva el riesgo de atentar contra la dignidad de la persona humana y contra su propia vida.

La expresión puede dar a entender implícitamente que existen vidas de una mayor o menor calidad criterio que daría paso a una conducta eugenésica negativa, que eliminaría a niños con anomalías congénitas antes de su nacimiento, así también a los niños con taras genéticas tipo Down y a todo tipo de personas minusválidos, pacientes en coma, enfermedad de Alzheimer, etc.

Esta perspectiva obviamente es insuficiente para establecer un criterio objetivo y realista sobre la calidad de una vida humana. Toda vida humana posee una calidad intrínseca que va más allá del funcionamiento biológico y de la capacidad del ejercicio de la autoconciencia. Nuestra condición humana no termina en la biología, ni se pierde con la inconsciencia. Una persona no vale menos cuando es anciana, cuando está dormida o cuando está muy enferma o discapacitada. Hasta que sobreviene la muerte todo es vida. Su calidad emana, de su mero existir. La calidad o valía de un ser humano es superior al funcionamiento biológico y psíquico.

Desde el punto de vista metafísico, la calidad de vida es un atributo inherente al individuo humano, equivalente al valor, categoría o dignidad del mismo por el sólo hecho de ser humano. Desde este punto de vista la consecuencia inmediata y lógica es que toda vida humana es igual en dignidad a otra vida humana, incluidos los no nacidos, los embriones, los enfermos en coma profundo, etc. Por lo mismo deben ser igualmente respetados y considerados el derecho a la vida.

Para concluir se puede decir que los principios generales que emanan de este nuevo paradigma, (beneficencia, autonomía y justicia) no tienen una fundamentación, una sustentación antropológica adecuada, que los hace insuficientes en la mayoría de los dilemas bioéticos, casi siempre vaciados de contenido moral. En ocasiones sirven para orientar la toma de decisiones, sin considerar lo que es la dignidad de la persona humana, son decisiones prácticas, pero no profundas .Creando una bioética deshumanizada, calculadora, fría, sistemática, que olvida lo que es la persona humana y su dignidad.

El relativismo presente en el concepto de paradigma está también presente ineludiblemente en el nuevo paradigma de salud, las ideas y valores asumidos deben tener fundamento, no en lo propuesto por un paradigma construido, sino en la realidad de la persona humana.

2. La bioética abierta a la trascendencia (Bioética Personalista)

En contraste a la opción precedente, emerge la exigencia de una perspectiva filosófica que se fundamente en la realidad, en la ética realista, sobre la base antropológica y ontológica o metafísica del concepto de Persona, que lleva consigo la atribución del estatuto personal al Ser Humano, por el reconocimiento de la existencia de un sustento unitario y permanente que trasciende las múltiples manifestaciones exteriores y los múltiples comportamientos del ser humano. (Palazzani, L: 1993).

Como hemos visto en las distintas clases de fundamentación bioética, no se puede encontrar unanimidad y convergencias, en lo que respecta a la elección del fundamento moral que constituya el punto de referencia último entre lo lícito y lo ilícito, lo legítimo o lo ilegítimo. Se trata entonces de justificar el estatuto de la “meta-bioética”, ese andamiaje teórico-práctico que se esfuerza por explicar y dar razón del fundamento ético de los valores y principios que orientan la conducta del hombre en el momento en que interviene sobre la vida, y es evidente, que si es diverso el fundamento teórico-moral, es diversa también la bioética en su aplicación práctico-operativa.

Ante esa bioética laica cerrada a la trascendencia, y reductora del concepto de lo que es hombre, urge la aparición de una perspectiva filosófica que justifique el respeto y la tutela de la vida humana de modo integral. La fundamentación personalista propone en bioética el respeto de la vida humana en todas sus manifestaciones, desde el momento de la concepción, hasta el último instante de su vida.

Se trata precisamente del personalismo ontológico, lo que hace necesario ser preciso en este sentido para evitar confusiones con otro tipo de personalismos, como el dialógico, el comunitario, el existencialista o hermenéutico, que aunque comparten la centralidad del tema de la persona, muestra algunos aspectos con tendencias a soluciones subjetivas. El personalismo ontológico, por el contrario, pone como fundamento de la bioética, el concepto real y completo de lo que es la persona humana.

Este concepto debe ser tomado en serio en la reflexión bioética, porque sobre él se juega el debate ético, moral y jurídico de la época actual. Es unánime la atribución al significado del término persona, de un valor axiológico y jurídico. La persona humana es un sujeto moral, y sujeto de derechos y deberes; o sea que es, un individuo que debe ser respetado moralmente y tutelado jurídicamente. La persona se convierte en el filtro o límite para la determinación de la licitud o de la ilicitud de la intervención sobre la vida. Es decir, es lícito lo que no daña a la persona y es ilícito lo que daña o suprime a la persona y a su dignidad.

Este personalismo ontológico, es que lo diferencia de otras concepciones “laicas” funcionalistas y antipersonalistas en bioética. El personalismo justifica la identificación entre ser humano y persona. La afirmación de que Todos los seres humanos son personas. Esto que aparentemente es obvio, en la realidad se requiere la justificación por cuanto ha sido puesto en crisis por ciertas filosofías prácticas. Por lo tanto el personalismo ontológico afirma de manera categórica, Que todos los seres humanos son personas, y que no existen seres humanos que pierdan su categoría de personas en ninguna circunstancia.

Ya es persona, el zigoto o embrión humano, desde el momento de su concepción, el feto, el recién nacido, el niño y hasta la vida adulta, seguirá siendo persona hasta el momento de su muerte natural.

En conclusión podemos decir que con la variedad o simple enumeración de corrientes de la ética actual, aturde y produce vértigo. No se sabe por donde ir, se ha perdido el rumbo, pero el mayor despiste de las éticas actuales, es haber olvidado la trascendencia. La ética contemporánea es muy flaca de memoria. Se ha dejado en el tintero la realidad trascendente y ha enterrado en el olvido la relación con lo eterno. La unión de moral y trascendencia es cosa de niños chicos. La ética mayor de edad se ha de arreglar sin principios, sin fundamento, sin Dios. Y ¿porqué ese olvido?. Porque la ética quiere ser autónoma. La autonomía hace furor. Son tiempos de autonomía y de insubstancialidad. La ética soberana se ha de gobernar solita sin depender de terceros, emanciparse de todo, estar a sus anchas, actuar sin compromisos como a uno le plazca.

Ética sin trascendencia es una ética en el aire. (Del Barco, J,L: 1998)

Bibliografía.

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Del Barco, J,L: ( 1994). Presentación. En Bioética. Anuario Filosófico. Vol XXVII / 1: 9-14. Universidad de Navarra, España.

_____________ (1998). Bioética de la Persona. Fundamentos Éticos y Antropológicos. Universidad de la Sabana. Colombia.

Barrio, Barrio J,Mons.(2004). Homilia en Santiago de Compostela 25-07-04. España.

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