Nov. 13 2007

La Humanización de la Medicina

Posted by lararoche

La siguiente publicación es la Conferencia dictada en el Colegio de Médicos y Cirujanos de Guatemala el 16 de Mayo 2007. en la Noche de Arte y Cultura de esta corporación.

LA HUMANIZACIÓN DE LA MEDICINA

Dr. Carlos Lara Roche.

"Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno"
Terencio

      Con esta frase del famoso escritor latino, quisiera señalar lo profundamente humano de la medicina. La necesidad de darnos cuenta que no basta el conocimiento tecno-científico del médico moderno, sino un conocimiento profundo de lo que es el ser humano en su totalidad, para poder alcanzar las verdaderas metas de la Medicina.

Y como repetía el gran maestro Carlos Martínez Durán. La Medicina es la ciencia del hombre, y nada de lo humano puede serle extraño y al decir de este maestro, cuando Terencio dijo esa frase, no pensó seguramente en los médicos, pero esta expresión se ajusta, se adecúa admirablemente a nuestra profesión. El médico debe ser el hombre más humano que existe.

El ser humano debe ser realmente, el centro de nuestras preocupaciones, para tratarle como lo que es: Un espíritu encarnado, con un cuerpo material, biológico, unido sustancialmente a un alma espiritual.

 La lamentación de la deshumanización de la medicina constituye un clamor universal de nuestro tiempo.

 

La conciencia de que la persona enferma no es siempre tratada con la dignidad que le es inherente, la encontramos siempre que se producen procesos de despersonalización en las relaciones; siempre que las necesidades no son satisfechas a la medida del hombre; siempre que la tecnología anula o reemplaza la insustituible importancia del encuentro interpersonal, (yo como médico y el otro como paciente)

Por todos lados sentimos la importancia y la necesidad de la humanización.

Me pregunto, ¿No será, tal vez, la tarea fundamental de la humanidad, lograr que sus miembros sean realmente personas?

El imperativo de la humanización lo experimentamos especialmente al contemplar < la desnudez del rostro> humano como dice el filósofo Lévinas, es indigencia. Ese rostro que angustiado nos pide ayuda y no podemos hacer oídos sordos, volver la espalda, ni olvidarle.

 Humanizar no es una tarea exclusiva del mundo de la salud, así mismo afecta a la cultura, a la política, a la educación, a la economía. Pero el mundo de la salud y del sufrimiento producido por la enfermedad, es un lugar donde siente especialmente esta necesidad. Sentimos el deseo de  responder ante el otro a la medida del hombre. Es por ello que es fundamental encontrar una ética del cuidado del enfermo terminal, por ejemplo. Humanizar la medicina es el problema bioético fundamental.

Por eso una bioética que no se fundamente en una correcta antropología de la persona humana y que por ende no respete o sea su límite la dignidad de esta persona es una bioética muy débil, pero muy débil de defender. Es necesaria una medicina integral que contemple al hombre, al ser humano o lo que es lo mismo a la persona, esa unidad sustancial de cuerpo biológico y alma espiritual, que merece todo nuestro respeto en primer lugar a su vida y a su dignidad.

   Muchas veces acusamos a la tecnología, a la ciencia como deshumanizada, pero no es así, es el hombre el que se deshumaniza. Y otra cosa más el llamado poder hospitalario, que antepone las exigencias de la política hospitalaria, y sus reglamentos, a cualquier necesidad del enfermo. Esto puede llevar a la cosificación del paciente, lo que importa es la preocupación por la enfermedad (la infección, la cardiopatía, etc.) pero sin ponerle rostro ni nombre y apellidos. En donde el timbre de la habitación se convierte en el único medio para recurrir a una presencia, que con frecuencia será la de una enfermera al límite de la resistencia física, al cansancio agotador del trabajo de la atención hospitalaria.

Termino esta introducción citando al Dr. Del Barco, en su artículo La vida Frágil,” La vida humana es endeble, frágil, débil, quebradiza. Pero una vida humana frágil es fuerte como persona: esa es su gran fortaleza”. Ese ser de cada quien, ese alguien de cada uno de nosotros, esa persona que no deja de serlo, hasta que muere, merece le acompañemos, le aliviemos, le consolemos. Es el fin de la Bioética, esa fámula solícita de la existencia en apuros, que apareció para que la vida no se malogre.

Por eso mismo se ha dicho “Que la bioética es el camino para humanizar la Medicina”.

 

El sentido de la Medicina

 Vamos a intentar explorar en esta disertación el significado y las implicaciones de humanizar la salud, la enfermedad y los procesos del cuidado de las personas en situación de dependencia. Tomaremos conciencia del significado de la palabra de su naturaleza y de los diferentes ámbitos de la humanización, así como fundamentar la humanización en la dignidad de la vida humana y de la persona.

El estudio filológico de la palabra humanizar deriva de la clásica humanar, que significa una mayor cercanía, afabilidad y ternura para con nuestros semejantes. Aunque existan muchos significados de la palabra humanizar. Se utiliza en todos los ámbitos de la vida para expresar el deseo de que algo sea bueno, se ajuste a la condición humana, responda a la dignidad de la persona.

Ahondando un poco más en la palabra humanizar, tiene que ver, efectivamente por “luchar por lo que todavía no hemos alcanzado”.

Hablar de humanizar algunos ambientes o personas deshumanizadas supone partir de una idea: cómo debería vivir el ser humano para realizarse plenamente como tal. Por ello es preciso tener claro que humanizar lo fugaz y transitorio de la vida no es otra cosa que sentirnos y sabernos personas en cada momento y en todo lugar.

Según expresa Spinsanti en su Diccionario de Pastoral Sanitaria, “la humanización, es una actitud mental, afectiva y moral que obliga al agente de salud a repensar continuamente los propios esquemas mentales y a diseñar modos de intervención –y sistemas terapéuticos y asistenciales– para que se orienten al bien del enfermo que es- y será siempre- una persona en dificultad y por lo mismo vulnerable, también por que no siempre es capaz de formular de manera correcta y directa su propia necesidad verdadera”

     La Medicina se ha definido como un arte, y a veces como una ciencia. La Medicina es una verdadera antropología del hombre sano y del hombre enfermo. Y al decir antropología quiero decir el estudio del hombre, del ser humano, de la persona, en su totalidad ontológica de un espíritu encarnado.

Si la existencia del hombre, según algunas doctrinas filosóficas, es luchar por la vida, dolor y muerte, el médico tiene la más “existencial”  de las actividades. La Medicina es un diálogo constante con el hombre, con lo humano. Es esa relación personal de una confianza de parte del paciente con una conciencia de parte del médico.

La Medicina moderna está en una encrucijada, después de haber pasado por muchas etapas, desde la clásica medicina hipocrática injustamente criticada por las ideas de lo moderno. El médico fue pasando de un método que dependía del testimonio del paciente, escuchando sus molestias, sus angustias, sus temores, para luego obtener los datos físicos del examen clínico para llegar a conclusiones lógicas y verdaderas, dependiendo solamente de sus sensaciones e impresiones de su conocimiento.

Desde fines del siglo antepasado, siglo de progreso científico y técnico a la vez que deshumanización de lo que es el hombre, la medicina sufre un cambio profundo cuyas consecuencias apenas podemos concebir. Lo efectivo es que la vida profesional parece no descansar ya sobre los mismos fundamentos que antaño. La manifestación más visible del cambio entre otras es el predominio creciente de una especialización que tiende a sustituir al médico general unido de por vida a sus pacientes, por técnicas muy competentes, sofisticados métodos de diagnóstico y de tratamientos, que han despedazado la unidad de una medicina integral. Es ese afán de algunos países que obnubilados por el destello de la técnica nueva y avanzada se está alejando del hombre, perdiendo su carácter universal, su conciencia, su “ethos”, y en su afán anti-histórico, puede dejar el destino del hombre en manos de la ciencia pura y de la técnica.

La Medicina moderna ha ido en busca de la evidencia, del dato exacto, corriendo el grave peligro de perder el norte de su papel y caer sometiéndose al positivismo, con la generalización abusiva de las ideas válidas de la estricta ciencia física, que lleva a considerar al enfermo como un simple objeto material, una cosa, una máquina que se ha estropeado. Trato de decir que no debemos deslumbrarnos  por el mito de lo moderno, del progreso, de la civilización utilitaristas que mide los resultados por la efectividad inmediata y por la cantidad en lugar de la calidad. Pero no me mal interpreten, en ningún momento trato, de descalificar a la técnica y a los avances médicos en general, por el contrario creo que son sumamente necesarios pero no nos convirtamos en lacayos de la técnica y de las máquinas sino en sus amos. Usar racionalmente los análisis de laboratorio, los medios de diagnóstico, como un apoyo necesario, pero que nunca sustituya ese proceso mental del llamado criterio clínico. Hablo entonces de un nuevo encuentro entre el médico y el hombre, para regresar a la Medicina auténticamente humana y el alejamiento del médico-robot.

Podríamos hacer muchas más consideraciones sobre lo que debe ser la medicina auténtica, pero se saldría del estrecho marco de esta disertación.

No vivamos con excesiva velocidad, por que lo que se gasta por ella y para ella nos pierde. Antes de caer rendidos ante las maravillas de la civilización preguntémonos con Ferrero, si son de cantidad o de calidad. Indaguemos sin servilismo ni derrotismo, con pureza y libertad, si en las enseñanzas que se nos brindan, y en los ejemplos que se nos muestran como civilización no van hábilmente disfrazados o sutilmente confundidos valores tendenciosos, instrumentos de propaganda, que se revisten con la dignidad de la ciencia. Toda instrucción técnica debe ser precedida de cultura ética y estética. Rebelémonos contra la cantidad que pretende anular la calidad.

     Dice Del Barco en su Elogio a la Lentitud: Son muchísimas las cosas en las que se puede ver el apogeo de la prisa, que pinta un gesto de asco en el semblante de otoño de esta civilización. Y la primera de todas, sin duda alguna, es la técnica. Muchos son sus beneficios e innúmeras sus ventajas, desde aliviar el dolor hasta aclarar las incógnitas del espacio sideral. Hay que evitar que la técnica se nos vaya de las manos acompasando su marcha- ¿tal vez a ningún sitio? – al gozoso tiempo humano.

La entidad del médico

     La entidad la podemos resumir en dos palabras: conocer y amar. Un conocimiento serio y profundo de las ciencias médicas y humanísticas, con el deseo sincero de servir a nuestros semejantes y hacerlo con amor, ilusión y pasión. Condiciones necesarias e indispensables para ser un verdadero médico.

Los conceptos de Vocación y Profesión nos abren el camino para la comprensión de lo que es el ser y el hacer del médico. Viejos conceptos que por la importancia que representan, los traigo a mencionar.

Vocación: deriva de la voz latina vocarae, que significa un llamado  a través de la voz, que a la vez  es el proyecto de vida de cada uno de nosotros, inclinación a determinada profesión, en nuestro caso, un llamado a ayudar a los demás que demandan cuidado y atención.

Profesión: Es una declaración, un compromiso, un pronunciamiento público, en nuestro caso médicos el compromiso es con la protección de la vida y de la salud de los seres humanos.

Para esta tan alta y excelsa tarea, es necesario a la par del conocimiento científico de excelencia, tenemos que consagrar nuestra vida a un ideal de cultura integral y superior y para ello es necesario reformar nuestra educación médica enriqueciéndole con el conocimiento de las ciencia humanísticas, como una obligación impostergable, y con esto ser más médicos.

    En este caminar por los senderos de los tiempos, el pensamiento médico se encontró con el hombre como una unidad sustancial misteriosa y excelsa, pero a poco de comprender esa unidad, le exigió la penetración aún más profunda al descubrir que ese hombre es persona, un ser o sustancia individual de naturaleza racional, como la definió Boecio, dotada de libertad, trascendencia y continuidad.

Y para tratar, cuidar a esa persona, se hace necesario conocerla a fondo, para tratarla como merece su dignidad, y convencernos, que el médico debe llevar a sus pacientes por los caminos de la salud a una meta de grandeza, de sabiduría, de bien y de justicia.

Viene entonces a nosotros, la pregunta, la interrogación suprema que se hicieron los sabios de la antigua Grecia: ¿Que es el hombre? ¿Quién es el hombre? Y que cobra actualidad en estos días. Tenemos que recurrir a la filosofía en su rama conocida como Antropología Filosófica, que nos ayuda a desvelar ese misterio de lo que es el hombre, ese ser sustancialmente formado de un cuerpo material y un alma espiritual, que el médico en ningún momento debe ignorar. Escuchando las palabras de Bergson, suenan como una plegaria e imprecación, que cobran vida y se alargan en el espacio, que se nutre en el tiempo. “El cuerpo del hombre agrandado por la ciencia tiene necesidad de un suplemento del alma”

 Con esta idea clara de la necesidad de un nuevo humanismo integrado en nuestras universidades, formaremos médicos científicamente preparados y con una sólida sustancia humana de alto contenido ético y de una rigurosa ordenación intelectual.

Tuvo razón Descartes cuando afirmó que en la medicina futura descansaba el secreto de una humanidad más sabia, hábil y feliz.

Con palabras del ilustre maestro Martínez Durán: me gustaría parafrasear estas ideas. Como estudiante de medicina, en las dos jerarquías, ayer en la banca, hoy en la cátedra, he sentido que en nuestras escuelas de medicina, no se nos dio, ni ahora damos la imagen médica del hombre total. Nunca lo hemos visto ni encontrado más allá de la Anatomía, la Fisiología y la Patología. Se nos escapa de la mesa de disección o de autopsia, donde sólo queda su sequedad y tristeza. Se fuga del laboratorio de bioquímica y del de fisiología. Sólo unos pocos de nuestros viejos maestros, siempre vivos en el respeto, nos lo mostraron en las salas hospitalarias, frente al lecho del dolor y con el ejemplo de su propia vida. Es y será exigencia de toda educación médica ofrecer la imagen auténtica del hombre sano y del hombre enfermo Reconocer, encontrar al hombre total, adivinarlo detrás de la patología. Situarlo en su medio, en el mundo contemporáneo.

     ¿Será posible el hallazgo de ese hombre total, estudiando sólo la estructura visible microscópicamente y macroscópicamente, el funcionamiento de la máquina, mitad del hombre cartesiano y la reducción de su vida a cifras y datos más o menos constantes, a una suma de datos numéricos y objetivos?

Quien así estudia y reduce al hombre hace hominismo y no humanismo. Karl Jasper y Windelband nos enseñan con profunda verdad que si el hombre aparece exclusivamente como un ser natural, que se conoce por métodos objetivos, que representan una especie natural (el homo sapiens) numerosa, sin valor en sí, debemos renunciar a todo humanismo. Si por el contrario vemos al hombre en su libertad, su dignidad se impone como persona. Cada individuo, yo mismo, nosotros mismos, somos únicos, irrepetibles, insustituibles. Sin filosofía nos será imposible concebir al hombre en esa dignidad y plenitud.

Ya nos lo decía Galeno, en uno de sus escritos: “El mejor médico es también filósofo”

Si la humanización tiene que ver como un diálogo nuevo y un encuentro con el hombre, tenemos que rescatar la idea y el concepto adecuado de lo que es el hombre y como consecuencia tratarlo como tal.

El mundo actual está en crisis, sobre todo es una crisis cultural enraizada en el abandono de las bases sólidas de la verdadera filosofía, invadida por ideologías materialistas que han socavado lo más puro de la sociedad, hundiéndola en un materialismo pragmático utilitarista. Los valores y las virtudes han caído en desgracia. Entre los rasgos que se suelen incluir como característicos de la llamada Modernidad, son la secularización, que no es lo mismo que descristianización, rodeado todo esto del llamado relativismo, que niega las verdades absolutas.

En cuanto, a lo que es el hombre, la crisis actual se basa en antropologías reductivas de la verdad sobre el hombre. Pero soy de los optimistas hacia un cambio, pues ya se sienten los síntomas de cansancio de este ambiente nihilista que no cree en nada y el relativismo sobre todo moral, en lo que todo vale y en lo que nada vale.

Humanizar los ámbitos de la atención de la salud

     Hemos visto y analizado algunos puntos que inciden en ese proceso de deshumanización de la medicina, señalando en primer lugar el poder y dominio de la tecnología, que si no le dominamos se nos va de las manos y caemos en esa situación de descansar todas nuestras esperanzas en los procedimientos y análisis, olvidamos las armas más importantes, nuestra mente, los sentidos, nuestra capacidad de síntesis para resolver los problemas de la práctica diaria.

Otro punto a considerar es la despersonalización de nuestro cuidado a los pacientes, considerándoles como objetos materiales y no con el trato de personas sin reduccionismos con el respeto debido a sus derechos.

Humanizar los ambientes del cuidado de la salud, significa que este cuidado se haga digno de la persona humana.

Pensemos que humanizar es una actitud mental, afectiva y moral que obliga al agente de salud a repensar continuamente los propios esquemas mentales y diseñar modos de intervención- y sistemas terapéuticos y asistenciales- para que se orienten al bien del enfermo que es- y será siempre- una persona en dificultad y por lo mismo vulnerable, porque también, no siempre es capaz de formular de manera correcta y directa su propia necesidad verdadera.

Tenemos que tomar conciencia de la hondura del compromiso personal y colectivo por humanizar la realidad, las relaciones, las conductas, el entorno y uno mismo, pero interesándonos especialmente por las implicaciones de humanizar la realidad cuando tomamos conciencia de la vulnerabilidad ajena y de la necesidad de ayuda que unas personas tenemos de otras.

Es necesario tomar en cuenta que la relación médico-paciente, es una relación personal, que también es una relación de enseñanza y aprendizaje, recíproco, en la que se integran factores intelectuales y culturales.

Que se deben integrar vocación, profesión y misión, a fin de sacarle el mejor provecho a la relación humana con nuestros pacientes. Que allí donde hay una persona que sufre, haya otra que se preocupa por ella.

Humanizar afecta a las estructuras de salud, a los edificios donde se atienden a las personas enfermas, a su diseño y organización, a su accesibilidad y confort, a su funcionalidad, al modo como se organiza el trabajo en los mismos y el lugar donde se sitúan.

     En el fondo humanizar afecta al ámbito de la cultura.

Una cultura más humana es aquella que respeta la vida, que la considera como misterio, que no niega el dolor y el sufrimiento como realidades a integrar, que promueven estilos de vida sana, que se interesan no sólo por las enfermedades sino por la educación a la salud y a los valores, que reconoce efectivamente la dignidad intrínseca de cada persona.

    Humanizar tiene que ver también con la política y la economía. Un sistema político será tanto más humano cuanto más justamente distribuya los recursos económicos, cuanto más promueva el igualitarismo en el acceso a la asistencia sanitaria, cuanto más transparente sea en la gestión.

En opinión de un especialista en ética de la economía: “El criterio primero para hacer una economía más humana es la primacía de la persona, en su igualdad fundamental. Pero una persona entendida en relación con las demás, y por eso no se trata de una visión individualista sino que tiende a la creación de la fraternidad universal, abarcando todos los seres humanos, empezando por los que se encuentran más marginados, expulsados del sistema. Desde él se debe analizar la lógica interna que rige nuestro mundo y valorar la realidad económica en su manera de organizar la producción y distribución de los bienes”.

Humanicemos el hospital

     Es sabido que en los últimos años el mundo de la asistencia, y más concretamente el hospitalario, se ha visto sacudido por un gran cambio. A pesar de ello – en cualquier parte del mundo - , cuando el paciente tiene que recurrir a la ayuda de una estructura compleja como el hospital, corre el riesgo de verse tratado de un modo cada vez más inhumano, un hospital que cura al enfermo, pero que no se preocupa de su persona, corre el peligro de hacerse inhumano y deshumanizante en el sentido más amplio de la palabra.

El tema de la humanización está de moda, no es una ideología ni una filosofía, sino que representa un proceso de actualización de nuestra alianza  con el hombre que sufre. Hemos de preguntarnos sin descanso si nos mueve la conciencia de que la necesidad fundamental del hombre es la de ser reconocido como persona digna por sí misma, es decir digna de recibir atención, solicitud y amor más allá de las diferencias de cultura, de instrucción, de clase social, de religión o de raza, o si nos mueve la exigencia de recibir un aplauso por nuestra bondad o de mantener en estado de dependencia al que es más débil.

El enfermo un desconocido

     Si un enfermo entra en el hospital y permanece allí como un desconocido, se encuentra inmediatamente marginado. Si no se le acoge como una persona concreta, sino como un número queda encuadrado dentro de la realidad inanimada de las cosas, del aparato, de los instrumentos.

Si el enfermo no está en el centro del hospital, en el centro de los intereses de todos los que trabajan allí, son otras cosas las que ocupan su sitio. No es raro ver en los hospitales como destaca la centralidad del médico o de los directivos o de los administradores, etc; todos ellos son unos usurpadores porque el puesto central no les corresponde a los médicos, ni a las enfermeras, ni a los administradores.

Si el paciente para nosotros es un desconocido no sabremos que hay detrás de ese ser doliente: en primer lugar tiene una gran preocupación por su enfermedad, por el sufrimiento que inevitablemente lleva consigo la enfermedad, en segundo lugar para el enfermo, el hospital no es un bar, un cine o el estadio; es el sitio en que uno no puede ser bien atendido, en donde puede no ser curado, en donde puede morir. Y en tercer lugar los profesionales que trabajamos en el hospital no consideramos la sacudida física y emotiva que el ingreso en el hospital representa para el enfermo, precisamente porque para ese personal el hospital es un ambiente familiar al que están perfectamente acostumbrados.

Hace muchos años recibí este consejo que creo interesante compartirlo con ustedes. “Antes de decidir que hay que hacer con el paciente, tenemos que descubrir que es lo que necesita el enfermo”.

Haciendo una revisión breve de los problemas suscitados en la deshumanización de los hospitales, evitemos la burocratización excesiva, cuidado en los horarios de visita que a veces son inconcebibles, casi de locura para el paciente.

Tengamos cuidado también con el hospital-empresa que discute sobre beneficios, sobre el número de pacientes, sobre decoración, pero no se habla nunca del enfermo.

Y ¿como humanizar al personal sanitario? Algunos consejos podrían ayudarnos:

  • Humanizar no quiere decir ser más buenos, sino dar respuestas más adecuadas a las necesidades del enfermo.
  • La fría medicina científica por si sola no puede realizar este encuentro pleno, humano entre el enfermo y el personal sanitario y el médico.
  • La formación universitaria de nuestros futuros médicos en Guatemala no ha logrado todavía desarrollar las capacidades humanas en su formación integral, lo que hace necesario integrar el estudio de las humanidades en las escuelas de medicina.
  • La enseñanza de la bioética presta ese servicio a cabalidad, ya que la bioética aparece para proteger el desvalimiento de la vida humana, sobre todo la vida frágil.

Conclusión

     En conclusión podemos decir: No es lo mismo ser humano que vivir humanamente. La deshumanización surge cuando no se integra el canon de moralidad que nos obliga- nos obliga,- sí- a reconocernos como seres constitutivamente morales, empujados por la razón y el corazón al bien de la persona vulnerable.

Para toda la humanidad, humanizar la salud no pretende ser otra cosa que salir al paso de la lamentación universal de deshumanización de los programas y servicios de salud y sociales, hacer que estos estén al servicio de la persona, construyan justicia y generen salud y solidaridad en medio de la fragilidad humana, se desarrollen guiados por los valores genuinamente humanos, respetando los derechos reconocidos universalmente.

 

El contenido real de esta afirmación ha de traducirse en cambios de actitudes, que traduzcan habilidades de relación humana que respetan la dignidad de la persona humana, la autonomía bien regulada de los pacientes y los cuidados que le hagan sentirse como lo que son, personas enfermas. Y esto se logra con la llamada inteligencia del corazón, con el despliegue de virtudes y cualidades que hacen a una persona experta en humanidad. La humanización de la medicina afecta al mismo centro de la promoción y defensa de la vida humana.

Al mismo tiempo es el encuentro y la síntesis en la praxis de las exigencias y de los deberes suscitados de los conceptos de salud y sanidad constituyen el fundamento y la vía de humanización de la medicina.

 

 

“La humanización de la medicina responde a un deber de justicia, cuyo cumplimiento no puede ser delegado enteramente a otros; exige el compromiso de todos. El campo operativo es vastísimo: va desde la educación de la salud hasta la promoción de una mayor sensibilidad en las responsabilidades de la cosa pública; del empeño directo en el propio ambiente del trabajo a las formas de cooperación-local e internacional- que son posibles gracias a la existencia de tantos organismos y asociaciones que persiguen entre sus finalidades estatutarias el advertir, directa o indirectamente, la necesidad de hacer siempre más humana la medicina”.

 

                                                                                 Juan PabloII

                                              Muchas Gracias

 

Dr. Carlos Lara Roche..

Presidente de la Asociación Guatemalteca de Bioética

16 Mayo 2007

Filed under : Bioética |

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